
Tras su accidentado paso por el Ballet Español de la Comunidad de Madrid, del que fue su primer director, un puesto donde apenas estuvo una temporada y estrenó un fallido primer espectáculo, Jesús Carmona (Barcelona, 1985) vuelve a escena con su formación privada y un espectáculo que explosiona por su ambición y producción, aspirando al gran formato y a deslumbrar al público con un escenario tenebrista, profuso de elementos y alimentado por un sonido mixto en el que abundan las confusiones tímbricas, aunque después se redime, en parte, en el acompañamiento de los bailarines y en la síntesis de gusto contemporáneo de ritmos vernáculos.






