
No se les ve la cara porque la cubre una melena que les cae, larga y espesa, sobre los hombros mientras tocan sus instrumentos. Mario Rejos, el bajista, 23 años, luce un tatuaje con las letras AC/DC en el hombro; Iván Sánchez, 26 años, guitarrista y cantante, viste una camiseta de Parálisis Permanente; y Pablo Aliseda, el batería, 19 años, se ha puesto una camisa estampada que seguramente triunfó allá en el Verano del Amor de 1967. Forman el trío Amposta, son del barrio madrileño de San Blas y están ensayando en unos locales próximos a sus casas. Suenan como una mixtura entre los Leño del primer disco (1979) y Triana, también años setenta. Constituyen, pues, una anomalía dentro de la música joven española actual, que se nutre, en su versión más vendedora, del género urbano (Quevedo), el pop ligero (Aitana) o de raperos reconvertidos en poperos melifluos (Rels B). Y vivir fuera de las tendencias cuando se tiene 20 años supone un posicionamiento casi político. Amposta y otros grupos se muestran “orgullosamente pasados de moda”, bandas integradas por miembros que no habían nacido cuando sus grupos favoritos ya cosechaban éxitos: Rosendo Mercado, Extremoduro, Triana, Las Grecas, Los Rodríguez, Los Ronaldos, Tequila o Platero y Tú.







