

Por fin. Ya era hora. Por fin, esta tarde hubo protestas en La Maestranza. Ocurrió a la salida del quinto toro de Victorino Martín, que tardó en pisar el ruedo varios minutos mientras su lidiador, Manuel Escribano, lo esperaba de rodillas en los medios. Pero fue atisbar la puerta de toriles, y muchos espectadores manifestaron su desagrado, y no era para menos. Mirandés, que así se llamaba, de 539 kilos de peso según la tablilla, era un novillete impresentable para una plaza de primera categoría, esmirriado y escurrido, una sardina vergonzante. Las protestas fueron a más, arreciaron cuando Escribano se empeñó en banderillearlo, lo que hizo nervioso y sin acierto, y, al final, cuando el animal se comportó con desbordante sosería y sin clase alguna en la muleta.

Toros de Victorino Martín, justos de presentación -el quinto, anovillado y protestado por el público-, cumplidores de modo desigual en los caballos, nobles y con clase en la muleta.
Manuel Escribano: estocada caída -aviso- y dos descabellos (ovación); estocada -aviso- (silencio); estocada baja (silencio).
Borja Jiménez: estocada algo caída -aviso- (petición y vuelta al ruedo); dos pinchazos hondos y un descabello (vuelta al ruedo); tres pinchazos y media (silencio).
Plaza de La Maestranza. 18 de abril. Octavo festejo de abono de la Feria de Abril. Lleno de "no hay billetes".






