
Ocurrió en octubre de 1966 en un recinto llamado Central London Polytechnic, en Regent Street. Cream tocaba allí. Minutos antes del inicio del concierto apareció Chas Chandler, bajista de The Animals y representante de grupos, con su nuevo descubrimiento, un músico estadounidense que acababa de aterrizar en la capital inglesa en busca de éxito. Chandler comentó a Eric Clapton que su chico quería tocar con ellos. Clapton, entre divertido y asombrado por la osadía, le dijo que adelante. El novato pidió un tema de Howlin’ Wolf, Killing Floor. Comenzaron y aquel tipo tocó como un demonio: con los dientes, con la guitarra en el cuello, tirado en la tarima… “Me dejó totalmente impresionado. Fue increíble, y no solo por la parafernalia: musicalmente fue también algo fuera de serie”, contó Clapton en su Autobiografía. Aquel desconocido se llamaba Jimi Hendrix. Cream llevaba solo dos meses formado y no había editado ningún disco, pero en la cabeza inconformista de Clapton el grupo ya tenía un reto: superar lo que acababa de ver.






