
Los aficionados al blues se saben miembros de una pequeña minoría, casi una secta vinculada a otro tiempo y lugar. No está en el primer plano de la música de hoy el género creado en el delta del Misisipi por los hijos de los esclavos traídos de África a trabajar el algodón. En las plantaciones el blues era a la vez un lamento y un consuelo, porque puede pasar de melancólico a festivo, bailable, sanador. El público masivo (el blanco) no lo descubrió hasta los últimos años sesenta, cuando lo reivindicó la generación hippy. Al blues suele llegarse desde su hijo el rock and roll, pero esos sonidos fueron fecundos en otros cruces de caminos: con el soul, con el funk, con el jazz, con el góspel.








