
Con los años nos vamos descarrilando. A veces es la cadena que salta, la llanta que se sale, o ya no puedes ni con el manillar. Entonces toca bajarse, quizá beberse una caña. Pero no siempre es suficiente, puede que el chasquido apenas audible te haga salir estampado contra la cuneta, o que, peor, la realidad se vuelva tosca, que pierdas el engranaje con ella.






