
Según informan The New York Times y Haaretz, Mahmud Ahmadineyad fue cortejado por agentes del Mossad tras distanciarse de Jamenei.
Israel intentó reclutar al expresidente iraní Mahmud Ahmadineyad —un acérrimo antisionista— para que liderara un nuevo régimen postislámico en Teherán, e incluso envió a su principal espía a Budapest para reunirse con él, según informaron el New York Times y el periódico israelí Haaretz.
Esta notable iniciativa para convertir a un líder que había negado el Holocausto y había pedido la aniquilación de Israel comenzó en 2022, de acuerdo con estas informaciones, y continuó incluso después de que Israel se embarcara en una brutal campaña en Gaza contra Hamas, un aliado clave de Irán.
Ahmadineyad —quien, según un reportaje del New York Times que cita a fuentes iraníes, se cree que se encuentra actualmente bajo la custodia del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC)— había comenzado en años anteriores a distanciarse del régimen, a mejorar su inglés y a redefinir su imagen.
El esfuerzo por ungirlo como nuevo líder iraní cobró impulso después de que Ahmadineyad fuera invitado a dar una conferencia en la misma universidad de la capital húngara en la que, apenas dos meses antes, en 2025, había intervenido Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel.
Según el New York Times, reclutar a Ahmadineyad se convirtió en una prioridad tal que David Barnea —por entonces director del Mossad, el servicio de inteligencia exterior de Israel— viajó a Hungría para reunirse con él después de que este hubiera sido invitado a intervenir en la Universidad Ludovika, en el marco de una conferencia sobre el clima celebrada el año anterior.
La participación de Barnea quedó confirmada en el reportaje de Haaretz, que sugería que el exdirector del Mossad llegó incluso a faltar a una reunión de seguridad con Netanyahu —destinada a debatir la guerra en Gaza en un momento en que los combates con Hamás estaban en su punto álgido— para centrarse en Ahmadineyad.
Según informa el NYT, tras la reunión con Barnea, el Mossad comunicó a la CIA que había estado en contacto con Ahmadineyad. Al parecer, la relación cobró impulso inicialmente tras la visita del expresidente a Guatemala en 2023.
Se dice incluso que funcionarios israelíes pagaron a Ahmadineyad los gastos de alojamiento y viaje, y que agentes del Mossad se reunieron con él en varias ocasiones, entre ellas durante unos viajes a Hungría en una época en la que el país estaba gobernado por el primer ministro de extrema derecha Viktor Orbán, un aliado cercano de Israel y de Donald Trump.
Los detalles de esta iniciativa salieron a la luz en medio de las especulaciones sobre el destino de Ahmadineyad después de que Estados Unidos e Israel iniciaran ataques militares contra Irán el 28 de febrero, en los que murieron varias figuras destacadas iraníes, entre ellas el líder supremo, Ali Jamenei.
Ahmadineyad apareció la semana pasada entre los asistentes al funeral de Jamenei, en lo que supuso su primera aparición pública en varios meses. El NYT —que ya había informado anteriormente de que israelíes y estadounidenses lo habían identificado como posible líder de un nuevo régimen posteocrático— informa de que, tras el ataque, cuatro agentes del Mossad lo sacaron de su domicilio y lo mantuvieron en un refugio seguro en Teherán.
Sin embargo, se dice que Ahmadineyad se enfadó por la “frenética” misión de rescate y se desilusionó con el plan de auparlo al poder. Abandonó el refugio en “circunstancias misteriosas” y, desde entonces, se cree que ha quedado bajo la custodia del servicio de inteligencia del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), según informa el NYT citando a fuentes iraníes.
El intento de ganarse a Ahmadineyad resulta llamativo, en parte debido al papel clave que desempeñó en la intensificación de las tensiones con Israel y Occidente en torno al programa nuclear iraní tras su elección como presidente en 2005.
Durante su presidencia, Ahmadineyad patrocinó una conferencia “científica” que, en teoría, tenía por objeto examinar la autenticidad del Holocausto, pero que, en la práctica, sirvió para exponer su entonces declarada convicción de que el asesinato de seis millones de judíos a manos de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial era un “mito”.
Sin embargo, se dice que las autoridades israelíes fueron alertadas del deterioro de su relación con Jamenei y otros miembros del régimen tras su salida del cargo en 2013, lo cual se vio agravado por el hecho de que el Consejo de Guardianes, órgano encargado de examinar a los candidatos, rechazara en tres ocasiones su intento de presentarse de nuevo a las elecciones presidenciales.
Por su parte, Ahmadineyad comenzó a moderar sus opiniones, antes de línea dura, y se esforzó por mejorar su inglés, llegando incluso a pronunciar un discurso en Budapest en ese idioma. También se sometió a un cambio de imagen: se recortó la barba, antes desgreñada, dejó de llevar su característica chaqueta blanca y, al parecer, se sometió a un tratamiento de bótox.






