El Paraná es de los yanquis

elDiarioAREl Diario Ar02/06/202617 Views

La inminente concesión del dragado, balizamiento y peaje del río Paraná reabre una discusión estratégica sobre soberanía, comercio exterior y recursos naturales. Para el autor, el control de la principal vía de exportación argentina quedó subordinado a intereses extranjeros, con consecuencias económicas, ambientales y geopolíticas que exceden largamente una simple privatización.

El río Paraná atraviesa siete provincias argentinas y por sus aguas se van el 80 por ciento de las exportaciones del país. Quien maneja el Paraná maneja las riquezas argentinas.

En cualquier provincia, desde Jujuy a Tierra del Fuego, aunque no conozcan de qué color es el agua del Paraná, cada familia tendrá un plato de comida menos si esa fenomenal cantidad de dinero, casi 50 mil millones de dólares, va a parar lejos de estos saqueados arrabales del mundo y sin el mínimo de control.

Es inminente la licitación pública e internacional de los servicios de dragado, balizamiento y peaje del Paraná, que desde el 26 de octubre de 1898 hasta 1995 eran realizados por la Dirección Nacional de Construcciones Portuarias y Vías Navegables y desde entonces pasaron a ser un negocio de la dragadadora belga Jan de Nul, una de las cinco más importantes del mundo, ahora en la etapa final del nuevo proceso de concesión.

No es un hecho menor reconocer ese ciclo de casi cien años en los que la Argentina supo tener una flota mercante y desarrollar una industria ferronaval pensando un proyecto propio desde adentro y con la intención de cuidar su producción y el presente de su pueblo.

Pero las distintas colonizaciones del Estado a favor de los intereses privados, más las imposiciones de la deuda externa desarticularon y desaparecieron la marina mercante y las visiones que vinculaban los trenes con los barcos.

El problema grande es quiénes planifican el Paraná y la circulación de mercaderías, legales e ilegales, si el Estado nacional, como sucede en Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia, China, Rusia o Francia, o si lo hacen intereses extranjeros.

Dragar el río de acuerdo a los intereses de las multinacionales es adecuar el flujo de riquezas a esas cajas ajenas a las necesidades del pueblo argentino.

Durante el primer año de la administración del presidente Javier Milei hubo un espectáculo grotesco: el ex presidente Mauricio Macri y el actual discutieron quién de los dos era el mejor gerente de relaciones públicas de los intereses extranjeros.

Cuando Donald Trump le ordenó al pueblo argentino votar por el ex arquero y profundizar la dependencia, y así lo hicieron las mayorías en octubre de 2025, ya no hubo duda de quién era el dueño del Paraná en particular y las riquezas argentinas general.

Comenzó a profundizarse el esquema de dejar afuera a intereses chinos o brasileños y sumar a los que sean, siempre y cuando acaten el plan diseñado por el imperio.

Desde 2020, el Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos es el encargado de pensar el negocio de las aguas del río Paraguay y a partir del 28 de noviembre de 2023 también es responsable de la logística del Paraná en Argentina y sus siete provincias bañadas por sus aguas.

Los verdaderos titiriteros son Estados Unidos y su empresa insignia en la exportación de cereales y derivados, Cargill. Los títeres serán Jan de Nul o Deme, la otra dragadora belga que llega al final de la concesión, y los socios argentinos que se anotan como Juan Ondarcuhu, la familia Neuss y los representantes de las terminales de Bahía Blanca y Quequén.

Poco importaron las denuncias fundamentadas sobre documentos falsos de Naciones Unidas, las sistemáticas violaciones a las leyes de las sietes provincias y la nacional de medio ambiente, que exige un estudio de impacto ambiental anterior a semejante ultraje del Paraná, su lecho, sus humedales, su fauna y su hidrología de acuerdo a las exigencias de las multinacionales, o las denuncias sobre el tránsito de negocios ilegales como el narcotráfico, el contrabando de armas y trata de personas desde abril de 1978.

Los propios paraguayos llaman al tramo de los ríos Paraguay y Paraná “la hidrovía de la cocaína”, ahora agravada por la recuperación de los negocios ilegales en Bolivia de parte de la DEA. Desde allí seguirán llegando los cargamentos que serán bajados en la provincia de Santa Fe para luego exportarlos a distintos lugares del mundo previo pago del peaje para las bandas narcopoliciales barriales que le harán el aguante a la mercadería, generalmente del 10 por ciento de lo que luego estará destinado a otra región del planeta. Por eso en las últimas semanas han aparecido cargamentos en avionetas caídas antes de llegar al destino con información de la DEA.

Quizás en breve haya informaciones sobre la necesidad de dotar al Paraná de una seguridad internacional como alguna vez quisieron hacer sobre el Amazonas para redondear la doble faz del negocio económico y político que supone siempre la intervención de los Estados Unidos en el patio trasero.

No es una privatización más, entonces.

La concesión del dragado, balizamiento y peaje del Paraná es mucho más.

La suerte está echada porque la Argentina que se desvanece a fuerza de saqueo, dependencia, corrupción y ferocidad. Es una estrella oculta en la bandera de los Estados Unidos.

El manejo y la planificación de las exportaciones del Paraná harán del pueblo argentino una comunidad cada vez más empobrecida y sujeta al conocido destino de las naciones semicoloniales a lo largo de historia.

Debería ser una cuestión nacional, sin embargo termina siendo el negocio de pocos en una mesa chica controlada desde el imperio.

Pocos días después del 25 de mayo, aquellos sueños y necesidades de Mariano Moreno y Manuel Belgrano de tener una marina mercante propia para sacar los frutos de la tierra parecen ser una sombra melancólica de un país que ya no es.

Carlos del Frade es periodista de investigación y diputado provincial del Frente Amplio por la Soberanía de Santa Fe

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