
Georg Baselitz fue, hasta su fallecimiento hoy a los 88 años, un auténtico ave fénix de la pintura. Enfrentado desde joven a las pautas marcadas tanto por el realismo socialista como por la abstracción expresionista occidental, casi toda su carrera fue una reivindicación del renacer constante de ese arte, sobre cuyo fin advirtió Baudelaire pronto a su amigo Édouard Manet. En esa nueva alternativa a la pintura se enmarca su decisión tan antiacadémica de pintar patas arriba, gesto que se convirtió pronto en un estilo propio y una manera genial de liberar a la representación entre la forma y la figura.






