

Mucho más que un periodista y, a la vez, qué gran periodista. Álex Grijelmo es, desde hace decenios —por lo menos desde que Gabriel García Márquez lo distinguió como uno de los grandes de esta lengua—, el escritor que ha hecho una literatura de la obligación de cuidar el periodismo. No hay tachadura en su historia, y si la hubiera él sería el primero en remediarla, en convertirla en una fe de errores. La errata persigue al periódico; explicar el error lo dignifica.






