
Durante años, el smartwatch ha sido el rey indiscutible de los wearables. Pero una categoría de producto más discreta —los anillos inteligentes— ha empezado a ganar terreno. Y no se debe solo a una cuestión estética: con cada nueva generación de estos dispositivos aumentan sus capacidades para medir parámetros relacionados con la salud y la actividad, y algunos ya prometen lo mismo que un reloj, pero sin pantalla. La pregunta es inevitable: ¿puede un anillo sustituir realmente a un smartwatch?






