
La crisis salarial en uno de sus canales de streaming coincidió con la preadjudicación del Canal de la Ciudad a otra de sus empresas. Mientras expande Cale Group hacia los medios, los trenes y la energía, el empresario de 31 años busca convertirse en una de las nuevas caras del establishment argentino.
La transmisión se cortó de golpe. Lo que debía ser una emisión habitual de Último aviso, uno de los programas de Blender, terminó el jueves por la noche convertido en una escena inédita para el ecosistema del streaming argentino. Frente a las cámaras, la periodista Fiorella Sargenti interrumpió el programa para denunciar que varios trabajadores habían sido despedidos en medio de un reclamo salarial. “Echaron a muchos de nuestros compañeros por hacer un reclamo vinculado con nuestros salarios y los aumentos”, dijo al aire. “No podemos seguir haciendo el programa así. Hay guardias esperándonos afuera. Si tocan a uno, tocan a todos”. Segundos después, la pantalla se fundió a negro.
Este viernes, el canal difundió un comunicado para fijar su posición sobre el conflicto. “Blender es una empresa que genera trabajo para más de 100 personas, honra sus compromisos y cumple en tiempo y forma con todas sus obligaciones”, sostuvieron oficialmente. Allí aseguró que “un grupo reducido de personas adoptó conductas incompatibles con los valores de la compañía, intentando condicionar el funcionamiento del canal mediante la utilización de su propia pantalla como mecanismo de presión en el marco de una negociación entre las partes”. El texto concluye afirmando que la plataforma “continuará invirtiendo, generando empleo y trabajando para ofrecer cada día mejor contenido a su comunidad”.
Ahora todas las miradas apuntan a Augusto Marini. Con apenas 31 años, se convirtió en uno de los empresarios de mayor crecimiento durante la era libertaria. No es casual: la crisis laboral en Blender estalló en la misma semana en que el Gobierno de Jorge Macri le preadjudicó el gerenciamiento del Canal de la Ciudad, una decisión que generó ruido en el ecosistema mediático. Dueño además de Carajo —el canal de streaming que comparte con Daniel Parisini, el Gordo Dan, convertido en una de las principales usinas digitales del oficialismo—, Marini también comenzó a disputar contratos y licitaciones con el Estado en sectores estratégicos.
Es que el empresario está en un momento de fuerte exposición pública. Durante años cultivó un perfil extremadamente bajo, pero en los últimos meses comenzó a explicar con mayor frecuencia cuál es el proyecto detrás de su holding Cale Group. Su objetivo declarado es que la compañía llegue algún día a cotizar en Wall Street. “Somos un holding de inversión joven. Estamos presentes en ocho sectores industriales, pero nuestro enfoque está en energía, salud, transporte ferroviario, infraestructura y medios. Argentina tiene grandes empresarios jóvenes dedicados a los negocios tecnológicos, pero hay que lograr una convocatoria mayor para la economía real”, había afirmado en su primera entrevista, concedida a Infobae en septiembre de 2024.
La apuesta por los medios nació incluso antes de la llegada de Javier Milei al poder. Según contó el propio Marini en un mensaje publicado en LinkedIn en 2024, la idea comenzó a gestarse en 2021. El primer paso fue Blender, lanzado en mayo de 2022. “Buscamos innovar y transformar constantemente cada industria en la que participamos. Blender conecta con una audiencia joven que no estaba siendo representada. No somos sólo un medio de comunicación; Blender es hoy un movimiento”, escribió. En ese mismo mensaje explicaba que “todas las voces deben tener un espacio en nuestros activos” y anticipaba la aparición de Carajo. La convivencia de ambos proyectos convirtió a Marini en un caso atípico dentro del mapa de medios argentino: un mismo propietario detrás de dos señales que dialogan con públicos y universos políticos prácticamente opuestos.






