
Solo hay que caminar unas cuadras o dar la vuelta a la manzana en algunos barrios porteños, para toparse con salones chicos, grandes, medianos que prestan más servicios que las tradicionales peluquerías masculinas, yendo de nuevos cortes personalizados hasta limpieza e hidratación del cutis. Coqueterías con nombre de varón.
Empecemos por el principio, que en este caso no se trata el Verbo del Evangelio de Juan, sino de un simple sustantivo asociado a la frivolidad, a ciertos recursos para atraer la atención. Bah, a un comportamiento que se diría típicamente femenino: la coquetería. Empero, no siempre fue así considerado porque resulta que este vocablo, proveniente del francés y acuñado en el siglo XV (aunque las conductas a las que refiere ya venían de muy lejos), está directamente relacionado con modos de actuar masculinos. Tanto es así que la palabra se origina en esa ave dominante del gallinero que es el gallo…
Efectivamente, el conocido coq francés, cuyo apelativo deriva de la palabra latina gallus, que significa a la vez galo (natural de Galia) y gallo –este animalito de Dios que, con el devenir de los siglos se fue convirtiendo en emblema de coraje y orgullo en Francia, figurando en marcas, nombres de restoranes, camisetas del seleccionado, etcétera–.






