
“Trump es el presidente más peligroso en la historia de EE.UU.. Es un autoritario, está intentando socavar la democracia. Es un cleptócrata; él y su familia aumentaron su riqueza en 2.000 millones desde que volvió a la presidencia. Es un mentiroso patológico”, afirma el senador por Vermont.
Bernie Sanders (Nueva York, 1941) es el principal referente progresista de Estados Unidos. Senador independiente por Vermont desde 2007, es una infatigable figura política que recorre el país haciendo actos y articulando un movimiento político en torno a la lucha contra la desigualdad –tax the rich; fight oligarchy– para mejorar las condiciones materiales de vida de la gente –sistema nacional de salud, servicios sociales–, a la vez que se le planta al presidente, Donald Trump.
“Es el presidente más peligroso de la historia de EE.UU.”, asegura el senador sobre Trump en su oficina, en el edificio Dirksen del Senado estadounidense
Sanders defiende la posición de su movimiento político frente al establishment del Partido Demócrata: “Lo que los progresistas entienden es que las familias trabajadoras pasan apuros mientras los ricos se hacen cada vez más ricos, y por eso van a ganar las elecciones, porque defienden a la clase trabajadora”.
—Estamos recibiendo noticias muy inquietantes sobre la escalada de la guerra en Irán, iniciada por el presidente Trump y Netanyahu el pasado 28 de febrero y que está causando bajas también entre los militares. ¿Cómo analiza el conflicto?
—Quiero se sepa que, según la legislación estadounidense, esta acción, impulsada por Trump y Netanyahu, es inconstitucional. Es ilegal conforme a nuestra Constitución. Es el Congreso el que determina si vamos a la guerra o no, no el presidente por sí solo. Y creo que la cuestión fundamental aquí es que, durante 40 años, Netanyahu intentó que un presidente de EE.UU. se involucre en una guerra en Irán. Lamentablemente, lo logró con Trump, y lo que vemos ahora es un desastre en muchos sentidos.
—Netanyahu es una pieza clave en todo esto. Un primer ministro israelí que llevó a cabo la destrucción de Gaza.
—Fui uno de los líderes aquí en el Senado que intentó poner fin a toda la ayuda militar de EE.UU. al gobierno extremista de Israel. Israel tenía derecho a defenderse de Hamas tras aquel terrible ataque, un ataque terrorista, pero no tenía derecho a hacer la guerra contra el pueblo palestino, matar a 75.000 personas, herir a 160.000 y demoler casi todas las viviendas e infraestructuras de Gaza. Eso se llama genocidio. Y Estados Unidos debería dejar claro que ni un centavo más del dinero de los contribuyentes irá a parar a Israel. Esa no es la postura de Trump; Trump sigue colaborando con Netanyahu.
Históricamente, Estados Unidos ha apoyado firmemente a Israel; pero desde que Netanyahu está en el poder y hemos visto lo que ocurre en Gaza, la opinión del pueblo estadounidense, tanto de republicanos como de demócratas, está cambiando radicalmente
—Usted expresó esto con mucha firmeza, fue el primer senador en Estados Unidos en hacer este discurso.
—Y el pueblo estadounidense lo entiende por muchas razones, está indignado por lo que vio en Gaza. No quiere apoyar eso. Además, tenemos enormes necesidades internas en cuanto a vivienda, educación y atención sanitaria. Y se pregunta por qué estamos destinando decenas de miles de millones de dólares al ejército israelí.
—Hace poco vimos una votación en la Cámara de Representantes sobre este asunto: los fondos para Israel. Y vimos a 100 demócratas votar en contra de enviar ese dinero a Israel. ¿Percibe usted un cambio en esta postura?
—Sin duda, aquí en el Senado. Logré 40 votos de los 47 demócratas para una resolución que se oponía a cierta ayuda militar a Israel. Y eso no tenía precedentes. Históricamente, Estados Unidos ha apoyado firmemente a Israel; pero desde que Netanyahu está en el poder y hemos visto lo que ocurre en Gaza, la opinión del pueblo estadounidense, tanto de republicanos como de demócratas, está cambiando radicalmente. Ahora creo que la inmensa mayoría de los votantes demócratas no quiere que vaya ni un centavo más al gobierno israelí.
Los progresistas están llevando a cabo sus campañas partiendo de la premisa de que algo falla fundamentalmente en el Estados Unidos actual: las personas más ricas se enriquecen cada vez más, mientras las familias trabajadoras tienen dificultades para poner comida en la mesa
—¿El avance de las posturas progresistas en las primarias demócratas está llevando estos debates a otro nivel y ganando terreno en el sistema político?
—Prácticamente, todos los progresistas que se presentan a las elecciones dejan claro que no quieren que se destine ni un centavo más al Gobierno de Netanyahu, y creo que así reflejan el sentir de sus electores. Por tanto, creo que es una estrategia políticamente eficaz y, obviamente, la política correcta. Pero no es solo eso; los progresistas están llevando a cabo sus campañas partiendo de la premisa de que algo falla fundamentalmente en el Estados Unidos actual: las personas más ricas se enriquecen cada vez más, mientras las familias trabajadoras tienen dificultades para poner comida en la mesa. Creo que esto no se sabe bien en Europa; allí todo el mundo piensa: ‘Ah, Estados Unidos es un país rico’. Bueno, en cierto sentido somos el país más rico del mundo, pero en otro sentido, el 60% de nuestra población vive al día.
Y mientras hablo con usted ahora mismo, hay personas que no pueden pagar las compras ni la vivienda, ya que los precios están por las nubes. En cuanto a la atención sanitaria, ya sabe que somos el único país importante que no cuenta con un sistema nacional de salud. La gente no puede permitirse la atención médica, ni enviar a sus hijos a la universidad, ni costearse la jubilación. Así que lo que los progresistas entienden es que las familias trabajadoras pasan apuros mientras los ricos se hacen cada vez más ricos, y van a ganar las elecciones porque defienden a la clase trabajadora.






