

Cuando terminó la temporada de subastas de este pasado mayo en Nueva York, se volvió a difundir esa imagen tan reconocible de un sector en el que cada temporada se baten cifras millonarias, se repiten las ventas de los mismos grandes artistas, a la vez que siguen sin desvelarse los pocos nombres capaces de pagar por un cuadro de Jackson Pollock 181 millones de euros o por un busto de Brancusi, 107 millones. Este ritual de cientos de años parece inmutable a los ojos de quienes no pertenecen a ese 1%. Bonnie Brennan (Míchigan, 53 años), que cumple algo más de un año como consejera delegada de Christie’s, asume que tiene que conservar a ese coleccionista tradicional que encuentra un refugio seguro en el arte cuando todo lo demás parece derrumbarse; sin dejar de buscar a los nuevos compradores milenial. Tienen que adaptarse, además, a su nueva manera de comprar que no siempre encaja en las suntuosas salas de subastas de su edificio en el Rockefeller Plaza de Nueva York.







