
Cada año el santuario de Liniers renueva las ofrendas de San Cayetano. La secuencia muestra el avance de la asistencia sobre el trabajo y la llegada de profesionales y jubilados que ya no logran insertarse en el mercado laboral. Como cierre de ese recorrido, este año las vasijas de barro buscan recordar que todos tienen la misma dignidad.
García Cuerva: “El pueblo está cansado de dirigentes que hablan de los pobres, pero no están cerca de sus necesidades”
Cada domingo previo al 7 de agosto, el santuario de San Cayetano renueva las espigas y los objetos que rodean la imagen del santo en la hornacina, a quien miles de personas le piden trabajo o ayuda para atravesar una necesidad. Las ofrendas representan un termómetro social y permiten observar cómo cambia el trabajo en la Argentina y cómo se desinflan las expectativas de los fieles. “Cada objeto intenta representar alguna dimensión de la realidad”, dice a elDiarioAR el padre Lucas Arguimbau, párroco del santuario de Liniers.
En 2023 se dejó como símbolo un cuentaganado rural, una pechera naranja de marítimo, el casco amarillo de un albañil, el mouse para una computadora, un estetoscopio y un costurero. La vara bajó abruptamente y los objetos se renovaron al año siguiente con un certificado de discapacidad, una bandejita de plástico (vianda del comedor comunitario), un hervidor de leche, un mate y un delantal de cocina. Las herramientas de oficio fueron reemplazadas por objetos de asistencia y emergencia.






