
“La noche está marchándose ya”, de Ramiro Sonzoni y Ezequiel Salinas, un gran tributo de amor al séptimo arte y una sentida manifestación de que la unión solidaria hace la fuerza y sostiene la resistencia, se está proyectando en el Malba.
En Mi vida y mi cine (Ma vie et mes films, la primera edición francesa es de 1974), Jean Renoir (1894-1979) evoca sus recuerdos más relevantes, que van desde su padre Auguste –genial pintor impresionista que fue evolucionando hacia una suerte de realismo– a la etapa conflictiva en Hollywood, pasando por dos guerras mundiales y llegando hasta el impacto de la Nouvelle Vague y más allá.
Criado en un ambiente donde se valoraba el trabajo manual en todas sus formas, la amistad con otros artistas, el joven Renoir iba a diario al cine con Andrée, su primera esposa, inclinándose por las cintas norteamericanas porque las francesas le parecían intelectuales, prefiriendo el percibir al razonar. Por amor a Andrée –rebautizada Catherine Helsing– deviene realizador, la convierte a ella en Naná (1926), en La pequeña vendedora de fósforos (1928). Él, que había hecho cerámica moldeando arcilla en el taller de su padre, encuentra en el cine una herramienta fabulosa que lo llevará a hacer Une partie de campagne (1936), La gran ilusión (1937), La regla del juego (1939), tantas obras magnas…






