El Sub 17 fue vapuleado en el resultado por Colombia y repitió un comportamiento reprochable, con tres expulsados

La NaciónLa Nacion20/04/202624 Views

Con el boleto para el Mundial de Qatar en la mano, la Argentina fue en búsqueda de la gloria en el estadio de la Conmebol, situado a metros del edificio que la Confederación tiene en la ciudad de Luque, en Paraguay. Colombia rompió el sueño de los juveniles y con la goleada por 4 a 0 se adueñó por segunda vez del campeonato Sudamericano Sub17, después de la conquista de 1993. También reveló la peor cara de la selección: la desilusión, el fracaso, provocó un comportamiento con excesos, que derivó en tres jugadores expulsados. Un paso errático, como ocurrió en el tropiezo con Brasil, donde la derrota expuso que el desborde emocional empuja a revisar las conductas.

Simón Escobar intenta escapar de la marca de Adrián Mosquera; el capitán argentino, uno de los tres expulsados en la final ante Colombia

El gol de Miguel Agámez, en el último instante del primer tiempo, abrió el resultado; en 13 minutos del segundo acto, los colombianos encaminaron el triunfo con dos cabezazos, de Matías Caicedo y nuevamente la aparición de Agámez, mientras que José Escorcia selló la victoria. A los dos finalistas, en la cita mundialista, que se jugará en noviembre en territorio qatarí, también estarán Brasil, Ecuador, Chile, Uruguay y Venezuela.

Con una ráfaga, Colombia marcó la diferencia en el marcador y explotó la potencia física que caracterizó a los juveniles que conduce Fredy Hurtado, que en el camino registraron cuatro triunfos, un empate y una caída. Uruguay fue el único rival que logró convertirle; en la etapa definitoria, los cafeteros resultaron implacables, despachando a Brasil con un 3-0, en las semifinales, y a la Argentina.

El primero en destacarse fue Agámez, después de una acción que lo tuvo a Samuel Martínez como conductor; el estratego de Atlético Nacional, de Medellín, que viste la camiseta N°10, ya está en el radar de los gigantes europeos, como Bayern Munich, Liverpool, el City Group y Chelsea.

Marcos Ortiz maniobra: en la final, la Argentina falló en el juego, en el resultado y en el comportamiento

El artillero de la tarde-noche, que se desempeña en Barranquilla FC, de la segunda división, con un magnífico remate de zurda, desde fuera del área, abrió el marcador y modificó el escenario, porque la Argentina se había enseñado ordenada y dominante. El contraste estuvo en la efectividad: mientras el travesaño devolvió un remate del capitán Simón Escobar, Agámez tuvo la precisión para dejar sin chance al arquero Valentín Reigia. Antes, la lesión de Álex Cardozo y el apagón energético que detuvo el partido durante 11 minutos frenó a los juveniles, que marcaban el pulso del juego ante un adversario que esperaba agazapado para imponer su velocidad.

La superioridad en el juego de la Argentina había recibido un golpe, del que los juveniles no lograron reponerse. Porque los remates y las acciones de riesgo eran propiedad de los juveniles albicelestes, aunque la ventaja la llevaban los colombianos. Y el comienzo del segundo tiempo fue un suplicio: el seleccionador Diego Placente introdujo dos nuevas modificaciones, la primera fue el ingreso de Álvaro Güich, ante la lesión de Cardozo; Juan Cruz Policella y Santino Mambrín, los saltaron al campo de juego.

Los colombianos lograron por segunda vez el título en el campeonato Sudamericano Sub 17

Pero Colombia tenía otros planes y en cuatro minutos desarticuló el proyecto de la Argentina. De un pelotazo, Caicedo, de espalda, cabeceó ante dos defensores y la pelota ingresó pegada al poste de un atónito Reigia. El guardavalla se sorprendió ante el movimiento del rival, se quedó sin reaccionar. Y para martillar el desánimo, un desborde de Escorcia y el centro atrás, para el remate de cabeza de Agámez, que con precisión colocó la pelota en el ángulo. Con más de media hora de juego por delante, los colombianos manejaron tiempo y pelota, mientras que la desesperación se adueñó de los nacionales.

Lo mejor de la final

Un remate de Facundo Salinas que con un manotazo a puro reflejo despejó el arquero Luigi Ortíz fue el último intento argentino. Enredados, frustrados, confundieron el empuje y la rebeldía con foules y reacciones desmedidas, que fueron sancionadas por el árbitro paraguayo David Ojeda, que dirigió también a la selección en la caída con escándalo frente a Brasil.

Mateo Mendizábal, por una fortísima falta, fue la primera tarjeta roja; el gol de Escorcia, a pura fantasía, movimientos que hizo también con el partido empatado, alimentó el mal comportamiento y Alan Alcaraz y el capitán Escobar, por reacciones antideportivas, también se marcharon expulsados. Y Felipe Echenique, entrevistado por la transmisión oficial, dio un discurso equivocado, propio de un joven envuelto por la frustración, pero que debe ser corregido: “Los vamos a agarrar en el Mundial y le vamos a romper el c…”.

La derrota fue la peor despedida: porque se trató de una final, pero en particular porque en los dos tropiezos se manifestó un mal comportamiento. Conductas para subsanar, porque son jóvenes que futbolísticamente tienen condiciones excepcionales.

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