
El jefe de Gabinete hizo un esfuerzo para no reaccionar ante los cuestionamientos durante el informe de gestión. Una vez que Milei abandonó el recinto, el tono de Adorni decayó y solicitó gozar de un cuarto intermedio luego de cada tanda de preguntas. Le preguntaron por el desfinanciamiento del PAMI, el incumplimiento de la ley de financiamiento universitario y su situación patrimonial.
Manuel Adorni hizo un esfuerzo sobrehumano para no reaccionar durante las siete horas que duró el informe de gestión. No se rió ni respondió a las chicanas de la oposición. No pestañeó cuando le preguntaron por su viaje a Aruba, la custodia policial de su esposa o el incumplimiento de la ley de financiamiento universitario. El vocero oficial del gobierno libertario se limitó a agarrar con fuerza la taza de té que tenía delante y repetir, en tono monocorde, el guion que redactaba concienzudamente luego de cada tanda de preguntas. Le habían pedido que no improvisara, que aburriera y así lo hizo.
Una vez que Javier Milei y el Gabinete abandonaron los palcos, el ánimo de Adorni decayó. Las respuestas se fueron volviendo más apagadas, aplanadas por los cuartos intermedios que el jefe de Gabinete iba solicitando para organizar sus respuestas. Cada vez que un diputado opositor le preguntaba por las vacaciones o viajes que había realizado, repetía: “Los miembros de esta cámara quieren asemejar gasto privado con gasto público. He afrontado los pagos de todos los viajes que realice. No se trataron de obsequios de ningún tipo”.






