
Existen cuatro especies afectadas por la electrocución, una de ellas es el águila del Chaco y está en peligro de extinción. Los expertos piden más regulación a la normativa eléctrica para evitar los decesos de aves en tendidos eléctricos. Es difícil recolectar pruebas que verifiquen el volumen de aves muertas, pues la mayoría cae al suelo y son depredadas por animales carroñeros.
La electrocución es una de las amenazas más recurrentes para muchas especies de aves en todo el mundo y es una de las mayores causas de mortalidad para estos animales. En Argentina, un estudio publicado en la revista Perspectives in Ecology and Conservation reveló que entre 2019 y 2025 en ocho provincias de ese país se encontraron 160 aves –de 18 especies- electrocutadas, de las cuales 150 pertenecían a 12 especies de rapaces. Es por eso que los expertos promueven que se considere la creación de leyes que contemplen infraestructuras seguras para las aves, la creación de protocolos de monitoreo y bases de datos públicas realizadas por personal capacitado en el reconocimiento de las especies afectadas.
Según el estudio argentino, las especies más afectadas por electrocución en líneas eléctricas fueron el águila petirroja (Geranoaetus melanoleucus) -la mayoría juveniles-, el aguilucho común (G. polyosoma), el buitre negro (Coragyps atratus) y el águila del Chaco (Buteogallus coronatus), esta última en peligro de extinción.
Diego Gallego García, uno de los autores del estudio, doctor en Biología por la Universidad Nacional del Comahue y becario postdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina, explicó a Mongabay Latam que para que ocurra una electrocución, un individuo tiene que tocar al mismo tiempo dos cables, o un cable y una estructura conectada a tierra, para que así se cierre el circuito y la corriente pase por el individuo.






