

La faena de El Cid al primer victorino tuvo la virtud de la paciencia, de no tener prisa, de hacerla poco a poco con la indudable clase de un toro que estaba por la labor. Y así las cosas, El Cid lo toreó a placer por momentos. Las primeras tandas no fueron completas, pero en cuanto le cogió el ritmo al toro, surgieron muletazos por ambos pitones largos, profundos y de una gran lentitud. Labor cocinada a fuego lento, sin agobios. Gran faena, pero ¡ay!, la espada, una vez más, frustró un triunfo legítimo. Supo a poco la ovación que la gente le dedicó al final. Igual no se enteraron de lo que había sucedido.
Toros de Victorino Martín, de correcta presentación y de gran juego en el último tercio. Con fijeza, humillación, nobles y exigentes. Cumplidores en varas. Al tercero se le dio la vuelta al ruedo. El sexto, deslucido. Los seis murieron con la boca cerrada.
El Cid: pinchazo -aviso- media estocada (saludos); gran estocada (dos orejas).
José María Manzanares:: estocada (oreja); pinchazo, pinchazo hondo -aviso- y dos descabellos (saludos).
Manuel Escribano: –aviso- tres pinchazos -segundo aviso- otro pinchazo (saludos); estocada trasera y algo desprendida (dos orejas).
El Cid y Escribano salieron a hombros por la puerta grande.
Plaza de Alicante. 24 de junio. Sexta de Feria. Tres cuartos de entrada (7.947 espectadores, según la empresa).






