
El Presidente acusó el golpe de los cuestionamientos del historiador israelí a su proyecto de empresas con algoritmos y aún medita con Sturzenegger cómo responderle con altura intelectual. El dueño de Palantir habló de la reforma societaria con Grabois.
El Gobierno oficializa la reforma societaria que habilita que haya empresas manejadas por algoritmos, sin personas
La crítica del historiador israelí Yuval Harari a la idea de Javier Milei de crear sociedades sin humanos golpeó de lleno en el corazón del Gobierno. Lejos de cuestionar su retórica, el presidente libertario agachó la cabeza: “¡Ya estoy preparando mi respuesta para ver si podemos disipar sus temores!”, tuiteó, admitiendo así que no estaba a la altura intelectual de contestarle al instante al autor de los ya célebres Sapiens (2011), Nexus (2020) y Homo Deus (2015), cuyas páginas cierra con una advertencia abrumadora para la especie humana: “¿Qué le ocurrirá a la sociedad, a la política y a la vida cotidiana cuando algoritmos no conscientes pero muy inteligentes nos conozcan mejor que nosotros mismos?”.
Milei le debe la respuesta a Harari desde el lunes pasado. En el Financial Times, el escritor elogió al libertario pero alertó que convertir al país en un paraíso sin control para la IA es una herramienta “extremadamente riesgosa”. Según explicó, el reconocimiento legal de empresas creadas por algoritmos funcionaría como una especie de “llave maestra” que permitiría a sistemas de inteligencia artificial intervenir de manera autónoma en ámbitos financieros, económicos y políticos.
Harari también planteó que estas corporaciones podrían poseer bienes, contratar personal, participar en operaciones comerciales internacionales, iniciar acciones judiciales e incluso realizar aportes a campañas políticas sin que existiera una persona humana directamente responsable de sus decisiones. “Milei espera convertir Buenos Aires en una nueva Ámsterdam. Corre el riesgo de convertirla en una nueva Batavia”, escribió en referencia a la capital de las antiguas colonias neerlandesas en Asia –hoy Yakarta, hoy capital de Indonesia– asociada históricamente al poder de las grandes compañías comerciales.
Harari respondía en el mismo periódico de color salmón del círculo financiero global en el que Milei publicó una columna el 4 de junio pasado firmada junto a Federico Sturzenegger titulada “Argentina invita a la inteligencia artificial a liberarse” (“Argentina invites AI to free itself”, en su título original en el inglés).
Un funcionario –y mano derecha del ministro de Desregulación– admitió ante elDiarioAR la incomodidad que generó la crítica de Harari: “Lo admiro profundamente en su pensamiento, he leído todos sus libros, y estuve en su charla al respecto en el World Economic Forum. Pero creo que tiene un prejuicio con la IA, y comete un error al decir que la IA va a contratar empleados. El tipo societario nuestro es para empresas que no requieran trabajadores en relación de dependencia”.
El proyecto que el Poder Ejecutivo envió al Senado el 29 de mayo plantea una modificación profunda de la Ley General de Sociedades, vigente desde hace más de medio siglo. Entre sus puntos más novedosos, incorpora la figura de las “sociedades automatizadas”, definidas como aquellas que desarrollan su actividad mediante sistemas algorítmicos autónomos o agentes de inteligencia artificial, sin necesidad de contar con empleados en relación de dependencia ni personal destinado a su funcionamiento habitual. La iniciativa también introduce las DAOs (Sociedades Descentralizadas Autónomas Operativas), organizaciones sustentadas en contratos inteligentes y mecanismos de gobernanza basados en tecnología blockchain, capaces de constituirse y operar por completo en entornos digitales. A esto se suma la posibilidad de que los conflictos societarios sean sometidos a la legislación extranjera que acuerden las partes involucradas.
“Lo más importante que hay que saber sobre la IA es que no es simplemente otra herramienta. Es un agente. Puede aprender y cambiar por sí mismo, y tomar decisiones por sí mismo. Un cuchillo es una herramienta. Puede usar un cuchillo para cortar ensalada o para asesinar a alguien, pero tú decides qué hacer con él. La IA es un cuchillo que puede decidir por sí mismo si cortar ensalada o cometer un asesinato”, planteó Harari en su última exposición en el World Economic Forum en Davos, hace cuatro meses, aquella a la que asistió el funcionario de Sturzenegger y Milei citado, y que está muy involucrado en el proyecto de ley de sociedades automatizadas.
“Le vamos a responder”, avisó este viernes el funcionario sobre el debate que abrió Harari. Pero la incomodidad en el seno libertario existe. Y trasciende a los dichos de Harari. “A veces siento que pasamos de Alberdi y la Constitución Nacional a la Unión Soviética”, se quejó una voz de La Libertad Avanza por el freno de los propios aliados que tienen los proyectos de desregulación en el Congreso.
Más el llano local, el abogado y especialista en Derecho e IA por la Universidad de Salamanca Nicolás Bevilacqua planteó a elDiarioAR: “La inteligencia artificial no es una aplicación más ni una innovación comparable a cualquier avance tecnológico del pasado. Es una herramienta con –cada vez más– capacidad para intervenir en decisiones que afectan el empleo, el crédito, la salud, la educación, la seguridad y el acceso a derechos fundamentales. Por eso, la pregunta central ya no es cuánto Estado debe retirarse, sino cuánto Estado necesita una democracia para evitar que tecnologías cada vez más poderosas operen sin controles, sin transparencia y sin responsabilidades”.






