La distancia americana

elDiarioAREl Diario Ar05/07/202617 Views

La nueva película de Jim Jarmusch vuelve sobre uno de sus grandes talentos: escribir conversaciones que parecen banales pero esconden un mundo. Sin embargo, al retratar vínculos familiares, como en “Father Mother Sister Brother”, marcados por una distancia casi protocolar, deja al descubierto una sensibilidad que termina limitando la potencia de su propia búsqueda.

Hace un par de semanas vi la última película de Jim Jarmusch, un cineasta desparejo del que me enamoré cuando vi, en alguna sala alternativa de Buenos Aires, la antología de conversaciones Coffee and Cigarettes. Yo recién empezaba a ir al teatro en esos años, y creo que no me di cuenta de que lo genial de esa película era lo teatral que era: en cada uno de los cortos que la componen, dos personas toman café y fuman cigarrillos (lo imposible que sería financiar esa película ahora, si hasta poner gente fumando te puede meter en problemas) y conversan, en parte sobre fumar y tomar café, y en parte sobre cualquier cosa. Es teatro, en el sentido de dos personas atrapadas en la misma locación, con muy poco que hacer, investigando hasta dónde puede llevarlos la escena; es el teatro que a mí más me gusta, que es el teatro de texto, aunque a los teatristas más ortodoxos no les guste que las cosas se digan tanto (cuando las cosas se dicen bien, pienso yo, a nadie le molesta). Y tiene la recursividad de la vida real, esa que tanto los teatristas ortodoxos como los narradores ortodoxos desprecian: “en el Corán no hay camellos”, te dicen, entendiendo que de eso se deduce que dos personas que fuman y toman café no van a hablar de que fuman y toman café, porque no piensan en que fuman y toman café, como los peces no piensan en el agua, pero yo entiendo que la vida se parece más al arte de lo que a veces se supone, y que efectivamente, la gente que fuma y toma café en general habla, también, de que fuma y toma café. Recuerdo en particular una frase que creo que dice Iggy Pop, prendiéndose un cigarrillo bien industrial como todos los que se ven en la película: “lo bueno de dejar de fumar es que podés fumarte un cigarrillo cada tanto”. Me pareció que escribir estaba hecho de eso, de encontrar esa frase en esa escena, y decirla sin demasiado aspaviento; todavía me parece así.

Pensé, entonces, que me iba a encantar Father Mother Sister Brother. No me encanta todo lo que hizo Jarmusch después, pero esta era otra película de antología, un género en general abandonado por poco hitero. No me pasó del todo: los tres cortometrajes que componen la película, todos vinculados a familias de hijos adultos y su relación con sus padres, me parecieron francamente inconclusos. Así y todo me resultaron interesantes algunos detalles que no sé si son éticos o estéticos, o las dos cosas a la vez.

Hay tres cortos, entonces. En Father, un hijo y una hija van a ver a un padre (un regio Tom Waits, actor recurrente de Jarmusch) que parece vivir descastado en el medio de la nada; en Mother, dos hermanas visitan a su madre, una autora de best sellers que parece preferir a una de ellas pero no prestarle demasiada atención a ninguna; en Sister Brother, un hermano y una hermana van a París a desarmar la casa de sus padres, recientemente fallecidos en un accidente aéreo.

Estuve buscando las conexiones entre las tres historias: vi una solo muy puesta en el texto, la frase idiomática “and Bob’s your uncle” que significa literalmente “y Bob es tu tío” pero se usa como nuestro “y chau Pinela”. Pero hay otras, también. Es particularmente llamativo lo similares que son los dos primeros cortos, tanto en su estructura como en el universo social que describen: un viaje en auto que conduce a una visita que empieza y termina a un padre que evidentemente esos dos hermanos ven no más de una vez por año. En la tercera no están los padres, pero está también el auto, y la sensación re de que esos hijos también sabían poco de sus padres y no los veían demasiado seguido. Es curioso hacer una película que evidentemente se piensa como un trabajo sobre la familia con situaciones tan parecidas entre sí y que a la vez son relativamente poco comunes: no conozco a nadie que vea a sus padres una vez por año, conozco a gente que está peleada con ellos y no los ve, pero el resto de la gente en general, si los ve, los ve un poco más. La importancia que tienen los autos en la película también es llamativa: los dos primeros hermanos van juntos en un auto, a las dos hermanas del segundo se les rompe el auto en algún momento y casi todas las conversaciones entre los hermanos del último corto transcurren también en un auto, incluso aunque estén en París, una ciudad donde no es tan común moverse así. Fue este detalle, el de los autos, el que me permitió nombrar eso que tenía en la punta de la lengua: los americanos no saben que son americanos, creen que son el metro patrón de la humanidad, y lo peor es que lo más lindo que tienen es que son profundamente americanos, adorablemente pueblerinos. No saben que la gente a veces no anda en auto, y que no es de ninguna manera tan común ver a tus padres una vez por año. Por eso quizás ni siquiera aparece, en estos corto, una pregunta o una explicación sobre cómo llega una persona, de criarte y pasar todos los días con vos por dieciocho o veinte años, a tratarte como a un conocido.

Jarmusch escribe muy buenas conversaciones, y algo de eso se ve en esta película, aunque no sea su mejor versión. Pienso que lo que busca retratar Jarmusch es una forma de esto que digo más arriba, el modo en que relaciones que en algún momento supieron ser carnales (en la infancia, en la adolescencia) devienen protocolares sin que ninguno de los involucrados entienda demasiado bien por qué. Pero quizás lo que me molestó fue justamente que lo interesante de las relaciones con los padres en la adultez es que pueden convertirse en eso, en conversaciones casi genéricas, incluso si uno se ve muy seguido. La relación con los padres parece implicar una intimidad casi absoluta en un sentido y un desconocimiento igualmente absoluto en otros; la mayoría de nosotros elige no mostrarles, por gusto, por pudor, por neurosis o por lo que sea, la faceta que en cambio sí le mostramos el mundo. Por eso a mí me hubiera interesado más ver esas mismas conversaciones, esa misma liviandad casi fría, en vínculos menos distantes que los personajes de Jim Jarmusch. Supongo que hablo de una brecha cultural, pero no solo de eso; es una brecha que termina siendo estética, también, cinematográfica incluso; hablo de ir a buscar la contradicción, la ironía que se produce en el choque entre lo frío y lo caliente. Para eso hace falta un poco más de calor, una pizquita de sabor latino.

TT/MG

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