
El desembarco del “Colo” alimenta la fantasía de una nueva etapa que choca con la realidad del Senado. Los números de la imagen de Milei suben, pero no logra repuntar al pico al que llegó en noviembre. La clave de la fortaleza de Milei: no tiene con quien perder.
Una democracia intoxicada por la impunidad de Macri y Milei
La segunda etapa del mileísmo: cómo Karina Milei prepara la batalla por las provincias
“Esta es la nueva normalidad que necesitábamos”, suspira, satisfecho, un peso pesado del PRO mientras escucha la conferencia de prensa de Adrián Ravier en la pantalla de LN+. El nuevo vocero está diciendo que el desembarco de Diego Santilli inaugura una nueva etapa del Gobierno y que la alianza con el PRO y la UCR es clave para avanzar con las reformas estructurales que necesita el país. A unos kilómetros, un representante de los gobernadores del Norte suspira y dice que, con Santilli en la Jefatura de Gabinete, la conversación con el Gobierno cambia de tono, que solo lo tienen que dejar ser. Que con esta nueva normalidad Javier Milei puede reelegir.
El Gobierno, fundamentalmente el ala que responde a Karina Milei, alimenta los rumores esperanzadores, los infla y los reproduce. Los gobernadores son los primeros en replicarlos, ya que conocen a Santilli hace años. Les agrada, a diferencia de Adorni, a quien no podían ni ver. “Llegó la casta”, resume, con maldad, una primera línea libertaria que se ganó el odio de los hermanos Milei.
Por fuera del ámbito de influencia de Karina, sin embargo, la épica oficial choca contra la realidad. El oficialismo no puede abrir las puertas del Congreso. Patricia Bullrich intentó sesionar en el Senado y no solo se chocó con la resistencia de Victoria Villarruel y el peronismo, sino con los aliados que, minutos antes, estaban celebrando la expulsión de Manuel Adorni. Intentó convocar una sesión para la semana próxima y los tres sectores –Villarruel, aliados, peronismo– le dijeron que era mejor esperar. Adorni ya no estaba, pero el Senado continúa resistiéndose a acomodarse a esta nueva normalidad.
Karina fijó dos prioridades para esta nueva etapa del Gobierno, la modificación del régimen de Zonas Frías y la reforma electoral, y ninguna de las iniciativas tiene aún los votos. El proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, que Bullrich ya intentó aprobar tres veces y fracasó, sigue recibiendo modificaciones todos los días. Santilli se reunió el miércoles con los jefes de bloque aliados y pidió 15 días para organizar la discusión. No tuvo el recibimiento cálido que esperaba.
“Yo apuro para sesionar no tengo”, deslizó, indiferente, uno de los principales interlocutores del Gobierno en el Senado después de abandonar la reunión.
La imagen de Javier Milei recuperó casi ocho puntos de imagen positiva en el último mes, según la mayoría de las encuestas que circulan por los despachos de Casa Rosada y del peronismo. Después del derrumbe catastrófico de abril, que fue cuando se filtró el video de Adorni subiéndose un avión privado para viajar a Punta del Este, la imagen de Milei comenzó un proceso de recuperación. La expulsión de Adorni y la designación de Santilli, en ese sentido, apenas significaron un repunte de unos puntos.
“El Gobierno necesitaba hacer un corte, sobre todo por cómo la gente empezaba a narrar el Gobierno. Hubo un cisma: el Gobierno tuvo un antes y un después de Adorni. Hay algo de la esencia del Gobierno que cambió”, grafica la consultora Shila Vilker, directora de TresPuntoZero, quien señala que la designación de Santilli consolidó ese cambio de identidad: “El gobierno anti casta, el gobierno anti político se terminó. Ya no está el ADN básico de origen: hoy lo que queda es la política descarnada”.
Según el tracking mensual que elabora TresPuntoZero, la imagen del Gobierno alcanzó un pico de imagen positiva del 49% en noviembre, después de las elecciones, y se derrumbó en abril, cuando llegó a su piso del 33%. En los últimos meses, la imagen del Gobierno repuntó hasta llegar al 40%. Si bien hay unos 10 puntos que nunca recuperó, Vilker advierte que Milei está bien posicionado de cara a 2027: “El Gobierno está en un proceso de recuperación, Milei todavía tiene capacidad para decir algo del futuro”.
Pero hay algo más: la clave del repunte de la imagen de Milei, que es moderada en comparación a las expectativas que se esgrimen de Casa Rosada, radica menos en la percepción del Gobierno que en lo que hay del otro lado. Para la mayoría de los consultores, incluso los que trabajan con el peronismo, la mayor fortaleza del Presidente no es la imagen de Milei ni de su gestión –que tiene una percepción mayoritariamente negativa–, sino que no existe hoy una alternativa capaz de disputarle el poder en 2027.
“Vos tenés hoy que el 56% de las personas consultadas dice no estar de acuerdo con lo que dice Milei y que cree que hay una alternativa mejor. ¿Eso significa que pierde las elecciones? Bueno cuando te fijas qué hay en ese 56% te das cuenta que está disperso”, explica el consultor Raúl Timerman, director de La Sastrería, que advierte: “Hoy Milei no tiene con quien perder. No está construido todavía el espacio que le pueda ganar a Milei”.
En el Gobierno lo saben y es por eso que la prioridad de Santilli desde que asumió es la reforma electoral. Sin PASO y con el peronismo arrasado por una interna fraticida entre Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof, las chances de ganar en primera vuelta crecen exponencialmente. Karina Milei ya no esconde su interés en cerrar acuerdos electorales en distintos distritos y apuesta a presentar un frente de derecha unificado alrededor de la imagen de Milei. “La única prioridad es la reelección de Javier”, repite, como un mantra, la hermana presidencial en todas las reuniones.
El peronismo, en cambio, coquetea con la ruptura. “Antes que quede Kicillof, el peronismo va en dos listas”, aseguró, la semana pasada, el novedoso lanzallamas de La Cámpora, Guillermo Moreno, quien pasó de decir que “los pibes de La Cámpora no saben laburar” a ocupar el primer lugar en el acto organizado por Máximo Kirchner en Parque Lezama. El cristinismo está en la búsqueda de un candidato que le permita desafiar a Kicillof, a quien ya han catalogado oficialmente de “traidor”, y está decidido a utilizar la bandera de “Cristina presidenta” para disputar el voto kirchnerista en la Provincia de Buenos Aires.
Frente a este escenario, hay otra figura que amenaza con lanzarse: Sergio Massa. El ex ministro de Economía, que no volvió a levantar el perfil desde que perdió el ballotage contra Milei, está decidido a comenzar a recorrer la Provincia de Buenos Aires una vez que finalice el Mundial. En su entorno están convencidos de que Massa tiene menos imagen negativa que Kicillof y Cristina y que, a su vez, los duplica en imagen neutra. Eso lo vuelve presidenciable.
“Esta es una elección que, como en Colombia o Perú, se decide por 50 mil votos. Gana quien logre convencer a ese sector del electorado del medio que no se inclina por los polos de izquierda o derecha”, explica un veterano consultor que trabaja, hace años, en las campañas del peronismo.
El peronismo comparte con el Gobierno que la clave de la elección será ganar en primera vuelta. Gana, explican en ambos lados de la grieta, quien consiga fracturar al adversario sin romper su propio electorado.
“El problema somos nosotros. Estamos en el mismo escenario que la elección del 23’: podemos ganar en primera vuelta si vamos unidos. Pero si vamos al ballotage, y se produce el summum de la polarización, ahí ya se abre otro escenario”, pronostica un peso pesado del peronismo bonaerense.
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