
“No solo duele en el bolsillo, también es una cuestión moral”, denuncian los palestinos de la parte oriental de la ciudad, que este jueves cumplió 59 años bajo ocupación.
En los estrechos callejones de Jerusalén Este, donde los aromas de especias, pan recién horneado y quesos locales solían mezclarse con el bullicio cotidiano, empieza a abrirse un hueco difícil de llenar. No es solo la ausencia de productos palestinos en las estanterías: hay un cambio silencioso que atraviesa toda la cadena, desde el productor hasta el consumidor.
Desde hace semanas, los productos palestinos encuentran cada vez más obstáculos para llegar a los comercios. Según la Federación Palestina de Industrias Alimentarias y Agricultura, las autoridades israelíes endurecieron las restricciones a la entrada de alimentos, especialmente lácteos y carne procesada. La organización sostiene que no se trata únicamente de controles sanitarios o administrativos, sino de una medida que puede reconfigurar el mercado local en favor de productos israelíes y de los asentamientos de colonos.
Este jueves se celebró la conocida marcha de las banderas, en la que ultranacionalistas israelíes desfilan por la ciudad para celebrar el 59 aniversario de la ocupación de la ciudad.
En el barrio de Shuafat, al noreste de la ciudad, Ahmad —cuyo nombre, como el de los otros comerciantes de esta crónica, fue modificado para proteger su identidad ante posibles represalias—, propietario de una pequeña tienda de comestibles, observa con frustración sus heladeras. “Antes tenía yogur de Hebrón, queso de Nablus, leche fresca de Ramala, pero ahora, mire esto”, dice señalando los pocos yogures que aún le quedan. “Nos queda poco stock. Cuando se acabe, no sé cómo vamos a reponerlo”.






