
El ex primer ministro británico y ahora protegido de Larry Ellison critica al actual, Keir Starmer, y a sus rivales en el liderazgo del Partido Laborista por, según él, irse demasiado a la izquierda y no tener un plan claro para el país.
Tony Blair, la estrella laborista que cayó por la invasión de Irak y busca ahora redención en Medio Oriente
La residencia habitual de Tony Blair en Londres se parece mucho al 10 de Downing Street. La casa de estuco claro y ladrillo oscuro y las ventanas simétricas del neoclasicismo británico tiene hasta una puerta negra enmarcada por columnas blancas y coronada por un ventanal en forma de abanico. Es una de las más de 20 propiedades del ex primer ministro laborista y su familia.
Su mansión campestre está en el condado de Buckingham, cerca de Chequers, la residencia utilizada por los primeros ministros del Reino Unido en el cargo para descansar o recibir a otros líderes. Aquí o donde quiera que esté, Blair recibe cada semana un informe con documentos de políticas públicas y debates sensibles. No es una caja roja en forma de cofre como la que recibía cuando era el líder del país, pero la rutina y el contenido se asemejan.
Pasaron casi 20 años desde que Tony Blair dejó el Gobierno y el Parlamento británico. Pero nunca estuvo desconectado del poder. Pese a su impopularidad por la invasión de Irak, sigue siendo el líder laborista favorito entre los militantes de su partido, el político que ganó tres elecciones seguidas –dos con mayoría aplastante– después de cuatro derrotas de sus predecesores y antes de otras cuatro de sus sucesores.
La autoestima por sus victorias electorales y los niveles inéditos de apoyo que mantuvo durante años lo empujaron ahora a dar lecciones a los laboristas, en plena crisis por el derrumbe en las elecciones locales y un posible relevo de Keir Starmer como primer ministro.
En medio de las turbulentas semanas que viven los laboristas, Blair irrumpió en la campaña para suceder a Starmer con un artículo de más de 5.000 palabras en el que critica al actual primer ministro y a sus rivales para sucederlo. El Gobierno de Starmer, según Blair, “muchas veces parece tambalearse al vaivén del viento, muchas veces falto de firmeza y estabilidad”, “no tiene un plan coherente y bien trabajado para el país en un mundo que cambia rápido” y está lleno de “laboristas tradicionales de izquierdas”.
Blair describe a Andy Burnham, el actual alcalde de Manchester y favorito para suceder a Starmer, como un “extraordinario” miembro de su Gobierno (en 2007 llegó a secretario de jefe de Tesoro), y a Wes Streeting, el exministro de Sanidad, como “un enorme talento político”, pero dice que sus debates “tienen un aire retro del siglo XX” y que son solo unos políticos más aunque se quieran identificar como fuera de la “burbuja” de Londres. También los acusa de caer en la “fantasía” de que moviéndose hacia la izquierda el partido ganará o de confiar demasiado en una futura vuelta a la Unión Europea como solución al declive del país.
Starmer le contestó este jueves: “No estoy de acuerdo con mucho de lo que dice Tony sobre qué está haciendo el Gobierno. Podemos debatir sobre políticas particulares”. El primer ministro dice estar de acuerdo en que el debate en el laborismo debería estar centrado en ideas, no en líderes, y le recuerda que la situación que se encontró al ganar las elecciones en 2024 –un país aislado y en declive económico– es “muy diferente” de la que se encontró Blair en 1997. Burnham y Streeting también criticaron a Blair por no entender los desafíos actuales, como la desigualdad.






