
“No me dejes en Belén” es la nueva obra del valioso dramaturgo –y ahora también director– Agustín Meneses, con sus reveladores personajes de pueblo chico, ligados por un parentesco no siempre concordante.
La vida no es precisamente una caja de bombones –como decía Forrest Gump cuando convidaba con un chocolate– para Elvira, una chica de 15 con algún retraso madurativo dentro del espectro de la neurodivergencia, con una sensibilidad otra. En ese pueblo del territorio nacional, hacia fines del siglo pasado, ella no recibe ninguna terapia acorde a sus necesidades y –en ausencia de su madre– es criada con buena voluntad, pero sin los recursos apropiados, por su abuela Lucha. Menos aún está su padre en condiciones de educarla, ni siquiera cuando está sobrio. Y mejor no hablar de su tía abuela Nancy –con la que Cecile Caillon se hace un banquete, impecablemente ataviada por Julieta Capece– egocéntrica y prejuiciosa, alcohólica disimulada que, en ese mes de diciembre, solo piensa en su vestuario para actuar en el pesebre viviente que se está preparando, donde ella –madura y platinada– decidió hacer de la Virgen María. También enfervoriza a N –pero no por el lado piadoso– el haber sido designada delegada parroquial junto a su hermana Lucha, y se relame imaginando la envidia de otras feligresas.






