
Mientras la vicejefa de Gobierno porteño insiste en que la ESI “es una trampa mortal”, los datos oficiales y de organismos con validez institucional muestran lo contrario: el embarazo adolescente cayó 67% desde su implementación y el programa mejora la detección de abuso infantil. El repunte de sífilis que ella cita coincide, en cambio, con el desfinanciamiento del propio programa y el derrumbe en la entrega de preservativos.
Mientras la vicejefa de Gobierno porteña, Clara Muzzio, sostiene que la Educación Sexual Integral (ESI) es “una trampa mortal” que “no redujo las enfermedades de transmisión sexual” ni los embarazos adolescentes, las estadísticas oficiales y los informes de organismos con validez institucional —judiciales, académicos y de organizaciones internacionales— muestran un panorama distinto: la ESI está asociada a una caída sostenida del embarazo adolescente y a una mejor detección de abuso infantil, y el reciente repunte de infecciones de transmisión sexual coincide, en todo caso, con el desfinanciamiento del propio programa, no con su implementación.
El dato más contundente es el del Ministerio de Salud de la Nación: los embarazos en menores de 20 años cayeron 67% entre 2005 y 2024, de 107.109 a 35.292 casos, en el período que coincide con la sanción de la Ley 26.150 (2006) y la implementación del Programa Nacional de Prevención del Embarazo No Intencional en la Adolescencia (ENIA). En las provincias donde el ENIA tuvo mayor despliegue —Formosa, Chaco, Santiago del Estero, Corrientes— los partos adolescentes bajaron entre 30% y 60% según los últimos relevamientos disponibles. La socióloga Silvina Ramos, investigadora del CEDES y coordinadora del diseño del Plan ENIA, señala además que entre las adolescentes que participaron de actividades de ESI hubo un 20% más de adhesión a métodos anticonceptivos, el dato que originalmente justificó diseñar el programa.






