

Hay segundas partes que no sólo sí son buenas, sino que son mejores incluso que las primeras. Es el caso de la producción de Così fan tutte que hubo de improvisarse casi in extremis en Salzburgo en 2020 cuando la pandemia arrasaba todo cuanto encontraba a su paso. Se conmemoraba entonces el centenario del Festival de Salzburgo y las restricciones imperantes hicieron seriamente mella en las celebraciones previstas. Aun así, el genio teatral de Christof Loy logró imponerse por encima de todas las adversidades e imposiciones, incluida la de limitar la duración del último de los frutos nacidos de la colaboración entre Mozart y Lorenzo da Ponte a poco más de dos horas con el fin de evitar el intermedio y la consiguiente socialización entre los espectadores, cuyo número estaba asimismo fuertemente limitado por las restricciones de los aforos. Pero, aun cortándose entonces casi un tercio de la partitura, aquel Così dejó una huella profunda en quienes tuvieron el privilegio de disfrutarlo: con mascarilla y tras sortear sucesivos controles.












