
Seis jóvenes investigadores de Canadá, Perú, Taiwán, Noruega, Bélgica y Tailandia cuentan cómo las decisiones políticas moldean sus carreras y qué estrategias ayudan a sostener la investigación en un mundo cada vez más hostil a la ciencia.
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Cuando un sistema científico entra en crisis, el daño no se ve enseguida. Tampoco arranca cuando se cancela una beca o despiden gente de un organismo. Empieza mucho antes: cuando un investigador abandona la academia porque no llega a fin de mes, un estudiante decide que no vale la pena seguir un doctorado, o un país deja de ser atractivo para producir saberes.
Argentina está sufriendo ese proceso de forma acelerada. En otros países, donde el financiamiento todavía existe, algunos científicos jóvenes creen estar viendo las primeras señales de esa misma historia. Otros investigadores, en cambio, muestran todo lo que puede hacerse cuando una nación sostiene su inversión en ciencia, protege a sus investigadores y entiende que el conocimiento no es gasto sino estrategia.
Desde el 75° Lindau Nobel Laureate Meeting en Alemania, que convocó a 69 premios Nobel y otros 600 científicos, elDiarioAR conversó con seis jóvenes investigadores de Noruega, Perú, Tailandia, Canadá, Taiwán y Bélgica. ¿Qué políticas creen que ayudan a la ciencia? ¿Cómo cambiaron sus vidas las decisiones que tomaron los gobiernos de los países que habitan? ¿Qué lecciones pueden darnos a los argentinos en el momento más hostil para nuestro sistema científico?
Cada caso es muy distinto pero, en todos, hay un desafío que se repite: arrancar una carrera científica en un mundo cada vez más incierto, con más lugar para las pseudociencias y las teorías conspirativas, y menos para la evidencia y el pensamiento crítico.






