
Es investigadora del CONICET y acaba de publicar un libro estremecedor que narra el periplo de los hermanos Ramírez, tres niños que, luego de sobrevivir a un operativo en el que un grupo de tareas acribilla a su madre en 1977, son enviados a un hogar donde les cambian las identidades y sufren todo tipo de abusos. La complicidad del Poder Judicial, la lucha por recuperarlos para enviarlos con su padre que había conseguido asilo en Suecia y el presente de una familia que buscó reparación en un juicio que demoró años.
“Cayó junto al bebé. Uno de ellos apartó el cuerpito del nene con una patada. Después se acercó y lanzó una ráfaga de ametralladora sobre la madre. ‘Juan Carlos, volteé a una’, gritó satisfecho. Había matado a Vicenta Orrego Mesa delante de sus tres hijos. Era la madrugada del 15 de marzo de 1977. La comisaría primera de Adrogué había liberado la zona del barrio San José donde hacía tres meses vivían Vicenta y sus hijos”. La investigadora y docente Mónica Szurmuk acaba de publicar Malmö (Sudamericana, 2026), un libro estremecedor que parte de esa escena para narrar el periplo escalofriante que padecieron los hermanos Ramírez desde aquel operativo.
En plena noche, la policía dejó a Carlos, de cinco años, María, de cuatro y Mariano, de dos, a cargo de unos vecinos, que al día siguiente decidieron llevarlos ante los tribunales. Con su padre Julio Ramírez, preso político desde 1974, y buena parte de la familia que vivía lejos, los tres chicos quedaron a disposición de una jueza, que a los pocos días los envió al Hogar Casa de Belén, en la localidad de Banfield. Abierto poco tiempo atrás con apoyo de miembros de la Iglesia Católica y feligreses de una parroquia local, Casa de Belén se presentaba como un espacio idílico que ofrecía el cuidado de una familia tradicional, con una madre y un padre que vivían en el lugar junto a sus hijos biológicos y los niños y niñas que iban llegando a través del juzgado. Puertas adentro, se reveló rápidamente como un infierno donde los chicos fueron víctimas de todo tipo de maltratos. Tal como pudieron contar décadas después en un juicio, allí fueron golpeados, insultados a diario, denigrados y abusados sexualmente. Recién después de siete años de vivir en ese lugar, donde además les cambiaron sus identidades, el padre pudo reencontrarlos y llevarlos a vivir con él a Suecia, país que le había otorgado asilo político.
Con delicadeza, con filo, con datos, con descripciones agudas y sensibilidad, Mónica Szurmuk reconstruye esta cruda historia, que conoció desde su adolescencia porque creció en la misma zona, para mostrar una faceta menos transitada de la dictadura: los padecimientos de las víctimas infantiles de aquellos años. Lo hace en un relato contado en fragmentos impactantes y a partir de una profunda investigación que la llevó a acercarse a María Ramírez y tener su testimonio de primera mano, en tierras suecas.






