
“Ser natural es la más difícil de las poses”. Marta Pazos cierra con esa cita la nota de programa en la que explica su primera producción operística de repertorio, tras los éxitos de Je suis narcissiste y Alexina B., ambas de Raquel García-Tomás. La directora de escena gallega atribuye el aforismo a Susan Sontag, aunque procede en realidad de Un marido ideal, de Oscar Wilde. Es un lapsus menor, pero delata el malentendido conceptual que lastra esta nueva producción de Las bodas de Fígaro, de Mozart, estrenada en el Liceu el viernes, 5 de junio.
Música de Wolfgang Amadeus Mozart. Libreto de Lorenzo Da Ponte basado en La Folle Journée, ou le Mariage de Figaro de Pierre Augustin Caron de Beaumarchais (1784). Intépretes: Andrè Schuen, barítono (Conde de Almaviva); Adriana González, soprano (Condesa de Almaviva); Sara Blanch, soprano (Susanna); Luca Pisaroni, bajo-barítono (Figaro); Julia Lezhneva, soprano (Cherubino); Mireia Pintó, mezzosoprano (Marcellina); Roberto Scandiuzzi, bajo (Bartolo); Roger Padullés, tenor (Basilio); Moisés Marín, tenor (Don Curzio); Lucía García, soprano (Barbarina); Luis López Navarro, bajo (Antonio). Coro y Orquesta Sinfónica del Gran Teatre del Liceu. Director del coro: David-Huy Nguyen Phung. Dirección musical: Giovanni Antonini. Dirección de escena: Marta Pazos.
Gran Teatre del Liceu hasta el 21 de junio.






