“Oí unos fuegos artificiales y temí que fuera un ataque de EE.UU.”: la tensión en la Cuba asfixiada por Trump

elDiarioAREl Diario Ar01/06/202618 Views

Cuba lleva casi seis meses sin recibir más petróleo que el de un carguero ruso, entre apagones de más de 20 horas en la capital durante algunos días y la sensación de que se vive una tensa espera ante un desenlace imprevisible en el que se tiene muy presente la idea de un posible ataque de EE.UU. como ocurrió en Venezuela el pasado 3 de enero

“Oí un ruido muy fuerte y pensé que era un bombazo”. En realidad no eran más que fuegos artificiales en una celebración en un paladar —restaurante— en plena noche, pero Elena —nombre ficticio—, una vecina de La Habana Vieja, explica el miedo que sintió: “Salí a la terraza y desde mi casa, que está en un piso alto, pude ver que se trataba solo de fuegos artificiales, pero por un momento pensé que era un ataque de EEUU. Además, era sábado, como cuando atacó Venezuela”.

En efecto, el presidente de EEUU, Donald Trump, suele ordenar bombardeos en fin de semana para sortear el castigo de la Bolsa, y aquel día que lanzó un ataque sobre Venezuela, el pasado 3 de enero, era sábado. Los soldados estadounidenses mataron a un centenar de personas, entre ellos 32 soldados cubanos de la guardia personal del presidente Nicolás Maduro, que fue secuestrado para ser encerrado en una cárcel en Nueva York.

Elena recuerda aquella noche mientras charla junto al Coppelia, la mítica heladería de La Habana retratada en la película Fresa y Chocolate, que ahora no vive sus mejores días por las dificultades para mantener los helados a la temperatura apropiada.

Y es que los efectos de la asfixia energética de Trump sobre la isla se perciben en cada pequeño detalle de la vida de los cubanos en la isla: La Habana se ha convertido en una capital silenciosa, en la que las calles se han olvidado de los atascos en hora punta y apenas se ven coches por la tarde, porque escasea el combustible. Y los vehículos que se ven son coches, motos y triciclos eléctricos, que hacen su agosto como taxis. El tránsito de los autobuses también ha descendido, la movilidad de las personas se ha reducido considerablemente y La Habana se ha convertido en una capital en la que no existe ese trajín de personas habitual en las grandes ciudades del mundo.

Una pareja del barrio del Vedado explica: “Nosotros le llamamos el sonido del ‘no hay nada’. Cuando hay corriente, se oyen los ventiladores, los aires, el zumbido de las bombillas. Y cuando hay agua, se oyen las cañerías. Pero cuando no hay, el sonido es el silencio, todo está callado, está todo como en modo reposo”.

Y esa sensación desangelada se vive también en los hoteles, donde apenas hay huéspedes. “¿Quién va a querer venir si EEUU ha catalogado a Cuba de terrorista y hay cortes de luz y no hay combustible por el bloqueo energético?”, se pregunta un funcionario cubano.

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