
Cada crisis geopolítica que dispara los precios de la energía revive la misma pregunta: quién paga los costos y quiénes se benefician. Cuatro años después de la invasión rusa a Ucrania, el debate sobre los impuestos a las ganancias extraordinarias vuelve a instalarse en todo el mundo.
Los dos episodios comenzaron un verano. Los dos dispararon los precios globales de los combustibles y de los alimentos. Y a partir de los dos se comenzó a discutir en todo el mundo si corresponde cobrar impuestos a quienes obtienen ganancias extraordinarias por esa situación inesperada. Pasó con el inicio de la Guerra de Ucrania en 2022. Y está ocurriendo ahora a partir del ataque de Estados Unidos e Israel a Irán.
Allá lejos y hace tiempo –cuatro años atrás– en Europa hubo más de 30 iniciativas de los llamados “windfall taxes” y varias de ellas se concretaron.
Fuera de Europa, India también gravó en aquel momento a las petroleras en el marco del pico de inflación global que causó la invasión rusa.
Cuatro años y varias disrupciones geopolíticas más tarde, el mundo comenzó a discutir las mismas cuestiones a partir de la que es la crisis energética más importante desde la crisis de Petróleo de 1973, disparada por la guerra de Irán.
El barril de petróleo rondando los 100 dólares ya está generando efectos concretos. Los precios se están moviendo al ritmo más rápido en tres años en Estados Unidos. Y países como Brasil están tocando récord en recaudación de impuestos (7,82% más que hace un año en abril pasado). Los pagos de impuestos por la extracción de petróleo y gas natural fueron en abril 541% más altos que en el mismo mes de hace un año. Y no es un error de tipeo.
En ese marco es que muchos países empiezan a discutir otra vez aplicar impuestos a las ganancias extraordinarias, que llueven del cielo y caen en pocos bolsillos por algo que ocurre a miles de kilómetros. La consultora global Wood Mackenzie le informó a sus clientes en el sector energético sobre las novedades de las últimas semanas en un reciente informe. Así, enumeró:
Mientras tanto, en la Argentina actual desde la cúspide del poder se asegura que todo impuesto es un robo siempre y en todo lugar. Sobre todo si apunta a los bolsillos de grandes empresas o de grandes empresarios. Y que ni siquiera un contexto extraordinario puede dar lugar a contribuciones por ganancias extraordinarias.





