
El autor británico que ha retratado la historia europea contemporánea acaba de ganar el Premio Princesa de Asturias de las Ciencias Sociales y publica este octubre un nuevo libro sobre el continente, su política y su cultura
El historiador Timothy Garton Ash gana el Princesa de Asturias de Ciencias Sociales
El historiador, periodista y profesor Timothy Garton Ash recibirá este octubre el Premio Princesa de Asturias de las Ciencias Sociales justo cuando la editorial Penguin publica en español su nuevo libro sobre Europa. Se titula Europa en siete capítulos y medio y se publicará en holandés, alemán y español unas semanas antes que en inglés, la edición original. El autor del premiado Europa, una historia personal, el más reciente de sus ensayos sobre la historia europea de las últimas décadas, cuenta ahora en menos de 40.000 palabras o 150 páginas “todo lo que querías saber” sobre el continente que él define como “el más viejo y el más nuevo”.
“El más antiguo, porque solo existen los continentes desde que las personas —empezando por los antiguos griegos, con Heródoto— comenzaron a nombrar estas regiones como continentes. En ese sentido, es el más antiguo, porque nos identificamos como continente desde hace muchísimo tiempo”, explica Garton Ash unas horas después del anuncio del premio. “Y el más nuevo, porque ningún otro continente en la Tierra posee las mismas estructuras de integración y cooperación política que tenemos nosotros, especialmente en la Unión Europea, aunque también de muchas otras maneras. Por eso digo que es el continente más antiguo y el más nuevo. También digo que es el más unido y el más dividido”.
Y, ¿por qué el “y medio” del título? “Porque ese medio capítulo trata sobre el futuro. Y no conocemos el futuro. Pero aun así hay una o dos cosas que se pueden decir al respecto”
Esta es nuestra conversación, editada por extensión y claridad, este martes en Oxford, donde Garton Ash fue catedrático durante décadas y donde sigue siendo alma y motor del Centro de Estudios Europeos del college St. Antony’s.
–¿De qué hablará en octubre en la entrega de los premios?
–Hablaré del triple desafío de Europa frente a Trump, Putin y Xi. Pero quiero decir algo sobre España, Europa y la democracia porque están celebrando el 40 aniversario de la adhesión a la Unión Europea. Es muy interesante hablar de la conexión entre Europa y la democracia y decir que realmente debemos aferrarnos a ella a toda costa y no volver a permitir jamás algo como lo que permitimos que ocurriera en la Hungría de Orbán, cuando el régimen de Orbán desmanteló la democracia con ayuda del dinero de los contribuyentes europeos.
Aunque puede que al final hable de algo completamente distinto.
No debemos volver a permitir jamás algo como lo que permitimos que ocurriera en la Hungría de Orbán, cuando el régimen de Orbán desmanteló la democracia con ayuda del dinero de los contribuyentes europeos.
–Claro, cómo estará para entonces el mundo…
–Ahora mismo existe una fuerte presión para ser más “transaccionales”, entre comillas, con el resto del mundo. Pero Europa no puede ser simplemente transaccional porque ella misma está construida sobre el principio del orden internacional liberal.
–No podemos decirle a Serbia o Macedonia del Norte: “Deben ser democracias impecables antes de dejarse entrar”, y luego, con Turquía, que está justo al lado, no preocuparnos en absoluto por los derechos humanos, la democracia y el Estado de derecho, y simplemente ser “transaccionales”: “mantengan fuera a los migrantes y a los rusos y no nos preocuparemos por los derechos humanos o la democracia”. Europa se perderá a sí misma si pierde su conexión con esos principios básicos.
Europa no puede ser simplemente transaccional porque está construida sobre el principio del orden internacional liberal. Europa se perderá a sí misma si pierde su conexión con esos principios básicos
–Usted menciona a China como una amenaza de la que hablamos poco. El presidente Sánchez ha sido un firme defensor de la legalidad internacional y los derechos humanos en Gaza o frente a Trump y Putin, pero no frente a China, que en España no se percibe como amenaza.
–Eso es muy interesante. La tentación para Europa es mirar este triple desafío y decir: “No podemos afrontar los tres”. Así que vamos a intentar salvar nuestra economía mediante nuestras relaciones con China. Pero la realidad es que China nos está ganando en nuestro propio juego. Prácticamente, no hay nada que China no quiera vendernos. Han ascendido por toda la cadena de valor. Fabrican vehículos eléctricos mejores y más baratos que Alemania. Y cada vez hay menos cosas que China quiera comprarnos. Eso quizá funcione a corto plazo para un país europeo concreto, pero a largo plazo será desastroso para Europa.
China nos está ganando en nuestro propio juego. Prácticamente, no hay nada que China no quiera vendernos. Y cada vez hay menos cosas que China quiera comprarnos. Eso quizá funcione a corto plazo para un país europeo concreto, pero a largo plazo será desastroso para Europa.
–Así que su libro va a salir antes en holandés, alemán y español que en inglés. Muy europeo…
–Y en verdad dice algo sobre nuestra Europa… Cuando dices “muy europeo”, es interesante porque así es como construimos Europa. No existe una “edición europea” de un libro. Así que, si quieres hacer un libro, un artículo o cualquier cosa verdaderamente europea, tienes que hacerlo en varios idiomas y publicarlo lo más simultáneamente posible.
Y ese es, en cierto modo, uno de los puntos del libro: la unidad en la diversidad.
–¿Qué espera conseguir con este libro corto sobre la historia de Europa? ¿Por qué es importante ahora?
–Por dos razones. La primera: si somos honestos, muchos europeos realmente no saben mucho sobre Europa. Y eso es aún más cierto en el caso de estadounidenses, australianos o chinos. El declive del interés y del conocimiento sobre Europa en Estados Unidos es dramático. Así que la idea es: “Esto es lo que todo el mundo debería saber”.
Y la segunda razón es algo que ya hemos comentado otras veces: especialmente los jóvenes europeos deben darse cuenta de lo anormalmente buena que es la situación actual de Europa, a pesar de la guerra y de todos nuestros problemas. Hay que recordar a la gente que, durante casi toda la historia europea, las cosas fueron mucho peores que ahora. Y me parece un mensaje importante.
–¿Ofrece alguna lección respecto a la guerra de Ucrania?
–Sin duda. Lo que llevo intentando decir desde hace tiempo es: despertemos y comprendamos lo amenazado que está todo esto. Necesitamos movilizarnos para defenderlo. De hecho, estamos haciendo gran parte —no todo, pero sí mucho— de lo necesario por Ucrania. Ucrania es, en cierto modo, una historia positiva para Europa. Pero Oriente Medio no lo es, el cambio climático no lo es y nuestra economía, tampoco. Hay muchísimo más que debemos hacer.
Durante muchas décadas, lo que motivaba a la gente era la mala experiencia del pasado, lo que yo he llamado la “máquina de la memoria”. Y ya no la tenemos. Así que quiero intentar que la gente aprenda de la historia sin tener que volver a sufrirla en carne propia.
–Más allá de la opinión pública, ¿cree que los líderes europeos están perdiendo un poco el foco respecto a Ucrania?
–Sinceramente, no me preocupa tanto eso. No creo que Ucrania vaya a colapsar. Su increíble valentía, resistencia e ingenio, además de su impresionante industria de defensa, hacen que los ucranianos puedan hacer cada vez más por sí mismos. Creo que el apoyo sigue siendo bastante sólido.
Lo que realmente me preocupa es lo que llamo “el peligro Bosnia”. En cuanto se consiguió algo llamado “paz” en Bosnia en 1995, toda la atención se dirigió a otra parte y la gente olvidó rápidamente Bosnia. Ninguno de los problemas fundamentales se resolvió, a pesar de todos los hermosos discursos y promesas de solidaridad eterna que se habían hecho durante tres años. Y me preocupa mucho que, paradójicamente, el momento de la llamada paz sea un momento de verdadero peligro para Ucrania, porque veo claramente la tentación de que Europa desvíe su atención.






