
Presentado en la Cámara de Diputados, un informe de AMMAR elaborado por investigadoras del CONICET cuestiona el relato del éxito asociado a plataformas como OnlyFans y expone una realidad marcada por ingresos variables, extensas jornadas laborales, violencia digital y discriminación.
“Yo me abrí un OnlyFans”: el mito del dinero fácil
Un informe sobre trabajo sexual virtual en Argentina, impulsado por la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR) y elaborado por las investigadoras del CONICET Déborah Daich y Estefanía Martynowskyj, fue presentado este jueves en el Salón Auditorio de la Cámara de Diputados de la Nación. La actividad contó con la participación de Georgina Orellano, secretaria general de AMMAR; la diputada nacional Gabriela Estévez, presidenta de la Comisión de Mujeres y Diversidad de la Cámara baja; y las autoras del estudio.
La investigación, titulada Trabajo sexual y plataformas digitales, ofrece una radiografía del crecimiento de la comercialización de contenidos y servicios erótico-sexuales a través de plataformas digitales y cuestiona la imagen frecuentemente difundida por medios de comunicación y redes sociales que presenta a sitios como OnlyFans como una vía rápida hacia la independencia económica. Según el relevamiento, detrás de los relatos de éxito conviven largas jornadas laborales, ingresos variables, violencia digital, discriminación y ausencia de derechos laborales.
El estudio combina diez entrevistas en profundidad con una encuesta online respondida por 252 personas de distintas regiones del país y constituye uno de los relevamientos más amplios realizados hasta el momento sobre trabajo sexual virtual en Argentina.
Uno de los puntos centrales del informe es la distancia entre las narrativas mediáticas y las experiencias concretas de quienes trabajan en plataformas.
Las investigadoras señalan que las notas periodísticas suelen concentrarse en casos excepcionales de personas que afirman ganar miles de dólares mensuales mediante la venta de contenido erótico, presentándolas como emprendedoras exitosas de la economía digital. Sin embargo, los datos recogidos muestran que esa situación dista de ser representativa.
La mayoría de las personas consultadas comenzó a trabajar en plataformas durante o después de la pandemia de Covid-19. El principal motivo fue económico: el 72,4% afirmó haber ingresado a la actividad por necesidad económica y el 58,8% por el rendimiento de los ingresos obtenidos. También resultaron factores relevantes la accesibilidad de este tipo de trabajo y la posibilidad de compatibilizarlo con estudios, otros empleos o tareas de cuidado.
La investigación vincula directamente el crecimiento del trabajo sexual virtual con un contexto de deterioro del mercado laboral, marcado por la caída de salarios, el aumento de la informalidad y la expansión del pluriempleo.
El perfil de quienes participan en este mercado también desafía varios estereotipos.
El 82,9% de las personas encuestadas se identifica como mujer, mientras que también aparecen personas no binarias, varones trans, mujeres trans, travestis y varones cisgénero. La edad promedio es de 31 años y la mayoría posee niveles educativos medios o altos.
Una parte significativa cursa estudios universitarios o terciarios y muchas trabajan simultáneamente en otros sectores. Antes de comenzar con el trabajo sexual virtual, la mayoría había pasado por empleos en comercio, gastronomía, servicios, educación, salud o tareas de cuidado.
Lejos de tratarse de personas que nunca habían participado del mercado laboral formal o informal, el relevamiento muestra trayectorias laborales diversas y, en muchos casos, atravesadas por la precariedad.
Más de la mitad de las personas encuestadas combina actualmente el trabajo sexual virtual con otras actividades remuneradas. Incluso entre quienes consideran esta actividad como su principal fuente de ingresos, el pluriempleo aparece como una estrategia frecuente para sostener la economía cotidiana.
Aunque OnlyFans se convirtió en la plataforma más conocida, el informe revela un universo mucho más diverso.
Las investigadoras identificaron más de 60 plataformas, aplicaciones y espacios digitales utilizados para comercializar contenidos o servicios sexuales. Entre las más utilizadas aparecen OnlyFans, Fansly y ManyVids para la venta de contenidos; Chaturbate, Stripchat y LuckyCrush para transmisiones en vivo; Telegram, WhatsApp y Snapchat para la comunicación con clientes; y redes sociales como X y Reddit para la promoción.
La mayoría de las trabajadoras utiliza varias plataformas de manera simultánea. En muchos casos, los espacios destinados a la venta de contenido se complementan con redes sociales o aplicaciones de mensajería donde se realiza la promoción y captación de clientes.
Esta multiplicidad de herramientas exige conocimientos técnicos y una dedicación mucho mayor de la que suele suponerse.
Uno de los hallazgos más contundentes del informe es la cantidad de trabajo que requiere sostener una actividad rentable en plataformas.
La producción de fotos y videos es apenas una parte de la tarea. A ella se suman la promoción permanente en redes sociales, la interacción con potenciales clientes, la administración de cuentas, la edición de contenidos, la gestión financiera, el aprendizaje de idiomas y el seguimiento constante de algoritmos y tendencias.
Muchas entrevistadas describieron jornadas laborales que se extienden desde la mañana hasta la noche y que incluyen tareas invisibles para quienes observan el fenómeno desde afuera.
“Si ya prendí el celular, ya empecé a trabajar”, resume una de las participantes.
El 60,7% de las personas encuestadas afirmó dedicar hasta cuatro horas diarias a la actividad, mientras que un 23% trabaja hasta ocho horas y un 16,3% supera las ocho horas por día.
Las entrevistadas coinciden en que el trabajo exige una presencia constante y una gran inversión de tiempo para lograr resultados económicos estables.
Los ingresos constituyen otro aspecto donde el informe cuestiona las representaciones dominantes.
La mayor parte de las personas encuestadas obtiene ingresos relativamente modestos. Un 20,6% gana alrededor de 500 dólares mensuales y un 17,9% llega a los 1.000 dólares. Los ingresos superiores a los 3.000 dólares aparecen sólo en una minoría reducida.
Además, los montos suelen ser fluctuantes y difíciles de prever.
Las investigadoras remarcan que las historias de personas que obtienen ingresos extraordinarios existen, pero representan casos excepcionales dentro de un universo mucho más amplio de trabajadoras que deben sostener una intensa actividad cotidiana para alcanzar ingresos relativamente moderados.
A pesar de las dificultades, el informe también registra valoraciones positivas sobre la actividad.
La autonomía aparece como uno de los aspectos más apreciados. Muchas trabajadoras destacan la posibilidad de organizar sus propios horarios, trabajar desde sus hogares, seleccionar clientes y compatibilizar la actividad con otras responsabilidades.
Para algunas personas con problemas de salud, trastornos de ansiedad, condiciones dentro del espectro autista o dificultades para sostener empleos tradicionales, el trabajo sexual virtual representa una alternativa laboral más adaptable que otras opciones disponibles.
También se valoran la creatividad involucrada en la producción de contenidos, la exploración de la propia sexualidad y la posibilidad de generar vínculos positivos con determinados clientes.
Sin embargo, la flexibilidad convive con un fuerte nivel de estigmatización social.
El 90,5% de las personas encuestadas considera que el trabajo sexual virtual está estigmatizado. Las razones señaladas incluyen los tabúes vinculados a la sexualidad, el machismo, las miradas moralizantes y la persistente idea de que se trata de una forma de “ganar plata fácil”.
Aunque la mayoría informó que sus círculos más cercanos conocen la actividad, muchas personas continúan ocultándola en ámbitos laborales, educativos o familiares por temor a sufrir discriminación o perder oportunidades de trabajo.
El informe recoge testimonios de mujeres que trabajan en educación, salud y otras actividades donde la revelación de su participación en plataformas podría generar sanciones o conflictos laborales.
La problemática más recurrente identificada por el estudio es la violencia digital. Las situaciones registradas incluyen envío de imágenes sexuales no solicitadas, insultos, acoso, amenazas, chantajes, estafas, robo de contenido y filtraciones de material íntimo.
El 65,5% de las personas encuestadas recibió imágenes sexuales o violentas sin consentimiento. El 43,7% sufrió insultos y el 35,7% reportó situaciones de acoso. Más de un tercio experimentó filtraciones de contenido.
Las entrevistadas describen además experiencias de hostigamiento sistemático, intentos de extorsión y amenazas vinculadas a la exposición pública de sus imágenes. En algunos casos, los agresores amenazan con difundir contenidos entre familiares, vecinos o empleadores. En otros, utilizan información personal para intimidar a las trabajadoras.
El informe también documenta episodios de violencia particularmente graves, como la exposición involuntaria a imágenes de extrema violencia o abusos durante transmisiones en vivo.
La exposición permanente, el acoso y la incertidumbre económica tienen efectos concretos sobre la salud mental. El 61% de las personas encuestadas manifestó haber experimentado burnout, mientras que el 56% reportó ansiedad y el 27,8% síntomas depresivos.
Las investigadoras destacan que muchos de estos malestares no derivan únicamente de la actividad laboral en sí misma, sino también del estigma social, la violencia digital y la necesidad de permanecer constantemente disponibles para sostener los ingresos.
La incertidumbre respecto de cuánto dinero se ganará cada mes aparece como otra fuente permanente de estrés.
Lejos de las narrativas simplificadas que presentan el trabajo sexual virtual como un negocio fácil o una vía rápida hacia el enriquecimiento, el informe concluye que se trata de una actividad laboral compleja, heterogénea y atravesada por múltiples formas de precarización.
Las trabajadoras reclaman reconocimiento, protección frente a la violencia digital, acceso a herramientas de formalización tributaria, garantías para ejercer otros empleos sin discriminación y mayores niveles de seguridad jurídica.
Para AMMAR, los resultados del estudio ponen en evidencia que detrás de las plataformas existe un universo de trabajadoras que enfrentan problemas similares a los de otros sectores de la economía digital, aunque agravados por el peso histórico del estigma asociado al trabajo sexual.
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