Trump amenaza con estrangular la economía global con el cierre del estrecho de Ormuz

elDiarioAREl Diario Ar14/04/202616 Views

La Casa Blanca busca cortar la principal baza negociadora de Irán y, también, un canal para financiar la guerra a través de peajes. Pero la jugada puede encarecer todavía más los combustibles y enquistar la inflación.

El anuncio de Donald Trump de que pretende el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz, el paso fundamental para el 20% del petróleo y el gas que se consumen en el mundo, devolvió a los mercados a la incertidumbre tras el tímido oasis de la semana pasada. El movimiento busca eliminar la principal carta iraní del conflicto, la de cerrar esta vía clave para la energía mundial. Pero el costo se traducirá en todavía más inflación y menor crecimiento, alargando un conflicto que se acerca a los dos meses de duración.

Tras el anuncio de Trump, el precio del petróleo Brent se disparaba este lunes cerca de un 7% y el barril volvía a superar los 100 dólares por primera vez desde la tregua entre Estados Unidos e Irán anunciada la semana pasada. Una incierta tregua que “no sabemos si está rota o no”, resume al teléfono el jefe de Análisis Geopolítico de la consultora Rystad Energy, Jorge León. Con las debidas cautelas ante la enorme incertidumbre, León pronostica que el precio del crudo se mantendrá en el entorno de los 110 dólares “en las próximas semanas”, aunque hay “mucha volatilidad”.

Con el bloqueo del paso de Ormuz, calificado de “piratería” por el régimen de los ayatolás, Trump intenta aumentar la presión sobre Irán (y, por extensión, también sobre China, principal consumidor del crudo persa) tras el fracaso de las negociaciones en Pakistán entre Washington y Teherán el pasado fin de semana.

“Lo que se llama escalar para desescalar”, resume León, que recuerda que hasta ahora Irán todavía estaba exportando algo de crudo, “muy poco”, matiza, a través del estrecho de Ormuz, el enclave por el que antes de la guerra transitaba en torno al 20% del petróleo y del gas natural licuado (GNL) que se consumen en el mundo, además del 15% del amoníaco y el 21% de la urea, clave para la fabricación de fertilizantes, fundamentales para la industria alimentaria.

El órdago de Trump “tensa la cuerda” del conflicto

Los efectos económicos del bloqueo iraní han contado con ciertas “válvulas de escape”, como las define la socia directora de Análisis Económico y de Mercados de AFI, María Romero, como los pasos alternativos al estrecho de Ormuz o la liberación de reservas estratégicas de la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Estas han permitido atenuar el shock de oferta para la economía mundial, desde una reducción de 20 millones de barriles diarios a unos 6 o 7 millones. Pero el nuevo pulso de Trump “tensa mucho más la cuerda” y acerca la situación al peor de los escenarios anticipados al inicio del conflicto.

El desencadenante de esta nueva amenaza de la Casa Blanca fue el “peaje” anunciado por Irán. “A Trump no le gusta que haya países que estén pasando por el Estrecho porque pagan los dos millones que les pide la Guardia Revolucionaria. Trump pretende estrangular ese canal de financiación bélico y esa apuesta que lanza Irán al resto del mundo para negociar desde una posición más competitiva”, explica Romero.

Según los datos de la plataforma de monitorización marítima MarineTraffic, el fin de semana, antes de la amenaza de Trump, cruzaron el estrecho de Ormuz 14 buques por día, un tráfico “muy por debajo de la media previa al conflicto”, que se situaba en torno a 100 naves al día.

El analista de Rystad Energy cree que Trump “no va a cerrar Ormuz de manera permanente”, ante el efecto que esto tendría en los precios de los combustibles, también en Estados Unidos, con las elecciones de medio mandato del próximo noviembre en el horizonte. León aleja la posibilidad de un racionamiento de combustible en la UE, medida que han aplicado en las últimas semanas algunos países asiáticos. Tampoco en el caso del queroseno, aunque voces autorizadas no descartan ya problemas de suministro en Europa.

Este lunes el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, alertaba de que la prolongación del conflicto en Irán podría generar nuevas preocupaciones en torno a la disponibilidad de combustible para la aviación, aunque España tenga menor dependencia. El consejero delegado de Moeve, Maarten Wetselaar, advertía que Europa puede enfrentarse no solo a precios más altos de la energía, sino también a problemas de disponibilidad física de combustibles si no se pone fin a este conflicto.

El precio amenaza a Europa, no el suministro

Jorge León insta a “diferenciar” la situación de las economías europeas y las asiáticas. “En Asia son economías emergentes y el coste de los combustibles en una familia promedio es muy significativo”: a un hogar con una renta de 10.000 euros al año una subida del 40% del coste del combustible le “afecta muchísimo”, mientras que en Europa “no te mata”. En el Viejo Continente, explica, el impacto “es mucho más importante sobre la potencial inflación que pueda haber en las próximas semanas. Europa depende mucho de importar energía y eso puede hacer que ese aumento lleve a más inflación y el BCE tenga la necesidad de subir tipos. El riesgo es macroeconómico”.

Una posibilidad, la de una subida de tipos, a la que apuntaba este lunes el vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, al asegurar que cualquier posible respuesta de la política monetaria, particularmente el encarecimiento del precio del dinero, ante la situación desencadenada por la guerra de Irán “dependerá de los efectos de segunda ronda”.

En España, los riesgos para la economía no proceden tanto por una eventual crisis de suministro como por la subida de los precios de la energía. “Podemos ver un repunte de los precios que puede llevar la inflación a cotas elevadas, cuando pensábamos que ya había pasado lo peor”, explica el profesor de Economía Aplicada de la Universidad Pablo de Olavide e investigador de EsadeEcPol, Manuel Hidalgo. “Cuanto mayor dure esta situación, mayor traslado tendrá hacia los precios y más estructural será. Creo que estamos en una situación bastante menos grave que la que vivimos en 2022. Pero llueve sobre mojado y no sabemos cómo van a evolucionar las economías a un segundo shock inflacionario, aunque sea más moderado”, detalla.

La experta de AFI coincide en que la situación no es la misma que hace cuatro años, aunque “si se enquista podría repetirse ese fantasma del pasado”. La verdadera clave está en los efectos del conflicto sobre las infraestructuras energéticas: “Aunque el tránsito se restablezca, la producción ha sido dañada y tardará tres o cuatro meses en madurar. Y luego entre tres o cinco años en invertir y restablecer toda la infraestructura”, augura Romero.

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