Una cita camino a la cumbre: Argentina-Inglaterra se enfrentan otra vez

elDiarioAREl Diario Ar15/07/202616 Views

Cuarenta años después de México ’86, Argentina e Inglaterra vuelven a cruzarse en un Mundial con un lugar en la final en juego. La historia, el presente y el legado de Messi confluyen en un partido destinado a ocupar un lugar en la memoria colectiva.

Ni los guionistas más audaces se hubieran animado a tanto, pero aquí estamos, parados frente a la Historia. El campeón del mundo, el equipo del irresistible Lionel Messi, el hombre adorado por todos aquellos a quienes conmueve este juego, se mide por un lugar en la final contra su némesis, la temible Inglaterra de Harry Kane y Jude Bellingham.

A cuarenta años de México 86, partido cumbre que fue merecedor de un documental exquisito, El partido, la industria del fútbol consigue poner en la vidriera global su producto más buscado. No lo decimos nosotros, sino el Wall Street Journal: “Con el debido respeto a la aspereza de la rivalidad entre los Yankees y los Red Sox, (…) la mayor rivalidad en los deportes pertenece a un enfrentamiento que no es muy frecuente. Y llegará a un punto crítico una vez más y con más en juego que nunca: Argentina-Inglaterra”.

El ambiente está cargado aquí en Atlanta. La tensión se siente en el aire. La inminencia del duelo ha generado un estado de crispación y de ansiedad general que no es solo argentina. La expectativa desatada se nota en las consultas y las preguntas de colegas de otros países, tan ilusionados como nosotros.

Un buen puñado de interrogantes condimentan la antesala del gran show. Siempre los hay en partidos de semifinales de un Mundial, pero aquí adquieren mayor relevancia. Lo provocan, sobre todo, el desempeño de la selección de Scaloni, un equipo que por momentos parece remolón, escaso de tensión, vulnerable, pero que así y todo es el que más goles marcó hasta acá. Esa paradoja central, la de ser un conjunto de jugadores cuyo rendimiento ha estado por debajo de lo habitual pero que por otro lado ha mostrado un poder de fuego notable, es la que comenzará a dilucidarse desde las 16 horas de hoy en el Atlanta Stadium.

Argentina, finalmente, tiene un rival de una jerarquía tal que la obligará a demostrar realmente para lo que está, es decir, sabremos si tiene la capacidad para volver a subirse a lo más alto. No hay duda de que si el campeón del mundo derrota a Inglaterra es porque puede revalidar su título. Messi y su pandilla no necesitan validación alguna, es cierto, pero sí lo necesita el camino desandado en lo que va de USA 26, trufado de momentos explosivos e inolvidables pero también de otros con largos y somnolientos silencios.

En ese sentido, el partido con Suiza por los cuartos de final ha despertado tanto dudas como esperanzas. Las primeras tienen que ver con su performance general, la menos convincente hasta aquí. En varios momentos Argentina fue totalmente neutralizada por su rival, que pareció borrar de la cancha al campeón, desmantelar por completo sus planes.

Los europeos ejercieron sobre el equipo de Messi y compañia una llamativa supremacía táctica, dominio que no tuvo tanto que ver con la posesión de la pelota en sí -aunque también-, o con la creación de situaciones de riesgo, sino con una suerte de sometimiento de tipo “ideológico” -se jugó del modo que Suiza quería- que apuntó al corazón blando de su rival, porque entorpeció sus circuitos de juego y, de algún modo, desactivó su leit motiv, el toque.

Las esperanzas, por su parte, tienen que ver con lo que finalmente sucedió, no solo por el triunfo sino por la identidad de los responsables del mismo. Además de su impactante belleza, el gol de Julián Alvarez derogó la ley seca que pesaba sobre el delantero surgido en River. Lo mismo podría decirse de Lautaro Martínez, aún cuando él había marcado de penal ante Jordania. ¿Significará esto que ambos cruzaron el rubicón para siempre? Por supuesto que no lo sabemos, pero lo que sí es seguro que la ansiedad de ambos debe ser otra, mucho menor.

Para Inglaterra, por su parte, es el partido más importante de su selección en casi cuarenta años, desde 1990, cuando cayó en semifinales del mundial de Italia ante Alemania. Hay al menos dos generaciones de británicos que aguardan este partido como si se tratara del partido de sus vidas. En algún sentido lo es. El país de los inventores, con todo lo que ello implica, juega un partido que puede ser histórico.

Malvinas, la expulsión de Rattín en 1966, el gol con la mano, el gol del siglo, la enorme influencia cultural, la inquina popular hacia ellos: son varios los elementos que hacen de esta semifinal un enfrentamiento especial. Quizás sea uno de esos días que todos recordamos para siempre.

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