
El dispositivo de Comodoro Py se reconfigura. El expresidente ejerce vida de monarca mientras duermen los expedientes que lo involucran. Decisiones vandálicas del juez y el fiscal en la causa $LIBRA. Clarín baja las armas. Cristina encuentra una narrativa.
La voz —central en Comodoro Py— trazó el martes un cuadro inequívoco en uno de los salones del Palacio Bosch, durante la celebración de los 250 años de la independencia de Estados Unidos. “Vamos a terminar de tomar la Cámara, quedan totalmente neutralizados”.
Ninguna otra celebración diplomática como la de Washington congrega una concurrencia de tan alto nivel y tan variada entre abogados, jueces y fiscales del fuero federal. Año tras año, se agrupan en el salón lateral que da a la Avenida Colombia. A diferencia del resto de una asistencia que ronda las mil personas, los magistrados no deambulan en busca saludos, miradas a las que esquivar y copas para el chinchín. Como si conocieran el poder que da la estabilidad en el cargo, las terminales disponibles y sueldos que no bajan de los $20 millones, dejan que los saludadores vayan al pie.
La sentencia de la voz citada en el primer párrafo hizo referencia al mapa que dejarán las designaciones de jueces que impulsa Juan Bautista Mahiques, “el mejor ministro de Justicia que tuvo la democracia”. La primera persona del plural (“vamos a…”) aludía a arrinconar a la línea del juez supremo Ricardo Lorenzetti, que dejó un tendal con sed de venganza. Algún juez sindicado como “militante” del kirchnerismo no significaba mayor riesgo antes, tampoco ahora.
El nudo de atención pasa en este momento por las dos salas de la Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal. Dos candidatos son número puesto para ocupar las sillas que dejarán vacantes Pablo Bertuzzi y Leopoldo Bruglia, camaristas que el gobierno de Cambiemos metió por la ventana en 2018, salteándose el concurso, y cumplieron un servicio a rajatabla para el macrismo desde entonces.
En Comodoro Py dan por descontado que Pablo Yadarola ocupará una de las vacancias. Considerado del círculo más próximo de J. B. Mahiques, sus terminales satisfacen a Clarín —que lo incluyó el tour de lujo a Lago Escondido para jueces, fiscales y espías—, a la SIDE y a las facciones en pugna dentro del Ejecutivo. Desde el juzgado en lo Penal Económico que ocupa, Yadarola se encargó de no investigar el trasiego de valijas en aquel famoso vuelo de un avión negro de lujo propiedad de Leonardo Scatturice, el empresario estelar de la era Milei.
Después de saltos ornamentales en el orden del concurso, en la otra silla de la sala I de la Cámara sería ratificado Bertuzzi, aunque el grado de certeza de la predicción es menor que con Yadarola. A diferencia de su colega Bruglia que se declaró víctima ante el inminente desplazamiento y acudió a la CIDH, Bertuzzi aceptó concursar para el cargo al que había ingresado por decreto de Macri. En Comodoro Py, algunos afirman que el juez saliente-entrante supo sortear enemistades ancestrales con los Mahiques. Otros dicen que ese clan tiene enorme cintura política y no es dogmático, pero cuando hace la cruz, es para siempre.
La sala I quedaría conformada por Yadarola, Bertuzzi y Mariano Llorens, otro camarista designado en tiempos de Macri —con aval del Senado—, a quien la fuente ubica en la vereda de enfrente de Lorenzetti.
Si se repasa el listado de pasajeros de la excursión a Lago Escondido, que reveló una convivencia promiscua con el poder económico y los servicios, lejos de haber marcado el final de carreras judiciales, selló el camino al ascenso.
De la otra sala de la Cámara Federal, se despide en cuestión de semanas Martín Irurzun, un histórico afín a la UCR, por lo tanto, ideológicamente cercano al macrismo y al mileísmo, que paga caro su encadenamiento a Lorenzetti. Mahiques no lo incluyó en la propuesta de prórroga en el cargo al cumplir los 75 años. El ministro no tuvo con Irurzun la deferencia que concedió a su padre, Carlos Mahiques —otro pasajero de Clarín a Lago Escondido—, ratificado como juez de Casación federal.
Es curioso, pero si se repasa el listado de pasajeros de aquella excursión a la estancia de la Patagonia en octubre de 2022, que reveló una convivencia promiscua con el poder económico y los servicios, y dejó expuestas ilegalidades de todo tipo, lejos de haber marcado el final de carreras judiciales, selló el camino al ascenso.
La sala II de la Cámara pasará a ser integrada por el reemplazante de Irurzun —a definir, si es que no prospera un amparo que presentó para quedarse—, Eduardo Farah —considerado adverso a Lorenzetti— y Roberto Boico, un exabogado de Cristina designado por el Senado en 2021, con presuntas conexiones vigentes con el Instituto Patria y movimientos que causan desconcierto en algunas oficinas.
Si lo consigue, Mahiques coronará el máximo trofeo que podía ofrecerles a los Hermanos Milei.
El ministro, conocedor cabal de los pasillos de tribunales, negoció con diferentes tribus para lograr aprobaciones amplias en el Senado a dos centenares de jueces —de allí la indignación de Clarín y La Nación por el aval a algún “militante K”, “garantista” o claudiotapista—, pero se reservó una línea férrea en el fuero penal federal que tratará durante los próximos años los asuntos de corrupción del Presidente, su hermana y sus socios.
Las idas y vueltas de Lorenzetti con todos los gobiernos, promesas que no pudo cumplir y métodos persuasivos poco edificantes multiplicaron sus enemigos. A Horacio Rosatti, némesis en la Corte Suprema, no le atribuyen menos ambición, pero sí mayor capacidad política y vocación de ceder espacios en aras de la convivencia. Rosatti ya obtuvo de Mahiques parte de lo que quería, como la designación de su hijo en un tribunal de Santa Fe y el compromiso de no alterar la Corte y la instancia penal previa, Casación Federal, si los cambios eventualmente pusieren en riesgo el statu quo.






