
La correcta gestión de la frustración no significa reprimir el enfado o la tristeza sino cambiar la forma en la que interpretamos las dificultades diarias.
Una psicóloga, sobre lo que aportan los abuelos a la vida de un adolescente: “Son un potente factor protector en el desarrollo emocional”
La frustración es una experiencia universal. Puede proceder de pequeños contratiempos, como esperar colas kilométricas de tráfico, o de desafíos más importantes, como superar reveses personales. La forma en que la gestionamos influye de manera significativa en nuestro bienestar emocional. Para algunos, la frustración puede intensificarse hasta convertirse en emociones abrumadoras y dificultar el pensamiento claro o la capacidad de responder de forma constructiva.
Todos perdemos la paciencia alguna vez, sobre todo cuando las cosas no salen como esperábamos, y sentimos esa frustración. Se trata de una emoción, explica la psicóloga Montserrat Sanz García, que “surge cuando las necesidades o deseos que tenemos no se satisfacen, cuando la realidad no se ajusta a nuestras expectativas, nos dice: ‘Lo que estás haciendo no sirve para conseguir lo que querés’, se trata de aprender de ese mensaje y ‘recalcular ruta’”.
Todo el mundo experimenta frustración en mayor o menor medida, ya sea por llegar tarde a una reunión importante, por la falta de reconocimiento de la pareja o un ser querido o por no conseguir el ascenso tan esperado. Cuando las cosas no salen según lo planeado, la frustración puede aparecer rápidamente, y esto suele ocurrir cuando hay una brecha significativa entre lo que esperamos que suceda y lo que realmente pasa.
¿Por qué es común esta emoción? Las conclusiones de este estudio elaborado por Ipsos muestran que se trata de una emoción habitual: una de cada tres personas se siente frustrada.
“Vivimos en una sociedad en que la inmediatez se valora extraordinariamente y cuando se marca un objetivo se quiere ‘para ayer’. No se fomenta el esfuerzo ni el ‘saber esperar’, los estímulos y las gratificaciones son extremadamente inmediatos y eso favorece que las personas no tengan tolerancia a la frustración”, afirma Sanz.
Todas son preocupaciones humanas universales, con las que lidiamos diariamente. “Lo que diferencia a unas personas de otras es la capacidad para gestionarla”, reconoce la psicóloga, que admite que, en consulta ven cómo hay personas que “’sufren’ la frustración y no saben gestionarla”.
Entender la frustración nos ayuda a detectar qué es lo que la provoca y, por tanto, hacia dónde debemos actuar para lidiar con ella. “Si decimos que es una emoción que surge ante la contradicción entre lo que quiero y lo que obtengo en realidad, ya estamos diciendo implícitamente que los pensamientos y la interpretación que hago de la situación están en la base de esta emoción”, explica Sanz. De ahí que “un cambio en estos aspectos es lo que nos llevará a gestionarla de forma más adecuada”, admite la especialista.
Y es que la frustración puede ser tanto motivadora como paralizante. Puede ayudarnos a superar momentos difíciles o dejarnos bloqueados. Canalizarla y expresarla de forma saludable es un reto que dura toda la vida. Porque no es más que “una forma de decirnos que tenemos que replantear objetivos y la forma en que los queremos conseguir”, matiza Sanz.
Se trata de un tipo de emoción que “pertenecería al grupo de emociones ‘poco agradables’, pero eso no la convierte en mala o negativa, sino que actúa como un aviso, una llamada de atención que nos dice cuándo la realidad no coincide con nuestras expectativas y esto nos debe llevar a reflexionar y analizar la situación y lo que hacemos con ella, nos moviliza para hacer cambios o buscar nuevas estrategias si el objetivo sigue siendo el mismo, o cambiar si decidimos que es inviable, y esta sería una reacción adecuada y saludable, la que es congruente con la funcionalidad de la emoción”, explica Sanz.
¿Qué hacemos para lidiar con la frustración que surge cuando algo no nos va como esperábamos? En lugar de perder el tiempo dándole vueltas a las situaciones que nos causan esta emoción, podemos aprender a responder a ella de forma más saludable. Sanz enumera algunos hábitos que nos pueden ayudar:
Todo este trabajo es fundamental ya que, como afirma Sanz, “gran parte de los problemas que se ven en consulta tienen en común la ausencia de tolerancia a la frustración, entre otras muchas cosas”.






