
La Administración de Donald Trump auspició la primera reunión entre Líbano e Israel en décadas para tratar de calmar uno de los principales focos de tensión en Medio Oriente, pero no obligó a su aliado a detener la ofensiva contra el país árabe.
Cuando se cumple una semana del frágil alto el fuego entre Estados Unidos e Irán y después del fracaso de la primera ronda de conversaciones entre ambos en Pakistán, este martes tuvo lugar otra importante reunión para tratar de desescalar la violencia y la tensión en Medio Oriente.
Representantes de Israel y Líbano se reunieron en Washington en las primeras conversaciones directas en décadas entre los dos países enfrentados, auspiciadas por Washington con el objetivo de desactivar el principal foco de tensión en el conflicto, además del estrecho de Ormuz.
Israel no detuvo su ofensiva contra el país vecino, lo cual pone en riesgo la continuidad del alto el fuego en Irán, donde el ejército israelí sí cesó el fuego cumpliendo con el acuerdo entre su aliado estadounidense y Teherán. Después de haber lanzado el mayor ataque contra Líbano el miércoles 8 de abril (causando más de 300 muertos y más de un millar de heridos), Israel abrió la vía diplomática con el Gobierno de Beirut, asegurando que su ofensiva es contra el grupo chií libanés Hezbollah y no contra el país –donde mató a más de 2.100 personas y causó el desplazamiento de un quinto de la población–.
El embajador israelí en Washington, Yechiel Leiter, y la embajadora libanesa, Nada Hamadeh Moawad, se reunieron con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, que rebajó las expectativas de que un acuerdo pueda alcanzarse fácilmente. Rubio señaló que su Gobierno está “muy feliz” de estar auspiciando las conversaciones, que calificó de “oportunidad histórica”. Sin embargo, admitió que el diálogo aborda “décadas de historia y complejidades”, con dos Estados vecinos que nunca mantuvieron relaciones diplomáticas ni llegaron a definir la frontera entre ambos.






