
Hasta marzo, el jefe de Gabinete era mencionado como una de las apuestas electorales del oficialismo para la Ciudad. La polémica sobre su patrimonio lo convirtió en una figura cada vez más difícil de digerir para la opinión pública.
—Ya lo escucharon al Presidente. Al que le guste bien, al que no ya sabe qué hacer.
La frase cayó en el Salón Eva Perón de la Casa Rosada apenas unos segundos después de que Javier Milei abandonara la reunión de gabinete. Acababa de protagonizar una defensa cerrada de Manuel Adorni frente a sus ministros. Ya en su ausencia, el jefe de Gabinete tomó la palabra y dejó ese mensaje sin matices. No era una explicación ni una invitación al debate. Se trataba de una advertencia respaldada por el único aval que realmente importa dentro del oficialismo: el del propio libertario.
La escena ocurrió en una semana particularmente sensible. Era la tarde del 8 de mayo y el clima estaba cruzado por los primeros cuestionamientosM en torno a la demora de Adorni en la presentación de su declaración jurada patrimonial, la que finalmente dio a conocer el viernes. Patricia Bullrich, titular del bloque libertario en el Senado y una de las dirigentes con mayor peso político de La Libertad Avanza, acababa de reclamar públicamente que el jefe de Gabinete presentara de una vez la documentación. El planteo generó inquietud en Balcarce 50: la exministra no estaba cuestionando a un funcionario cualquiera. Estaba poniendo el foco en uno de los alfiles predilectos de Karina Milei.





