
La ceremonia unió a nombres como Maná, J Balvin y Belinda, pero dejó mucho que desear en cuanto a relato, épica y, puestos a pedir, música en directo. Salma Hayek entregó la copa al presidente de la Fifa que había pedido calma ante las críticas.
“¡Pueblos del mundo, bienvenidos a México!”, pronunció la cantante Lila Downs en el arranque de la ceremonia inaugural del Mundial de Fútbol 2026 celebrada este jueves en el estadio de Ciudad de México, antigo Azteca. La artista fue la encargada de abrir la escueta actuación artística que marcó el inicio de los 39 días de competición en los que la pelota robará protagonismo a casi todo: la actualidad política, económica y social pasarán a un segundo plano hasta el próximo 19 de julio, cuando se conocerá la selección ganadora.
Por mucha Shakira –que ni se sacó los anteojos de sol– que haya aparecido en el show, secundada por Burna Boy, J Balvin, Maná, Danny Ocean, Los Ángeles Azules y Belinda, el espectáculo dejó mucho que desear, y no solo por su corta duración.
Le faltó relato para justificar la combinación de artistas. Algunos de los temas interpretados –con evidente y triste playback– hablan sobre el propio Mundial en sus letras, como el Partidazo de Danny Ocean o el Por ella de Belinda y Los Ángeles Azules–, pero se colaron otros completamente ajenos como Oye Mi Amor y Ritmo de J Balvin, cuya se presencia en la ceremonia puede entenderse desde el punto de vista de incluir grandes nombres e incluir diversidad, pero por poco más.
De hecho, puestos a pedir, podrían haberse aprovechado las dimensiones del campo para haber sido originales al menos en la puesta en escena, pero tampoco. Únicamente se utilizó el centro del coliseo, en el que apenas se colocó una plataforma de color dorado, en la que en el inicio del show emergió una reproducción del trofeo del Mundial. Ni cambios de escenario, ni tarimas flotantes ni ningún otro elemento que hubiera aportado algo de ritmo o sorpresa.






