
Estamos en una mesa del Aula 13, que era el nombre oficioso del baqueteado bar Masía, al lado del antiguo Institut del Teatre de Barcelona donde Oriol Genís estudiaba interpretación en 1977, y el actor se emociona y rompe a llorar. Ha recordado cuando consiguió pasar las difíciles pruebas de acceso a esa escuela oficial de arte dramático: llamó orgulloso a su padre para decírselo y este, que quería que su hijo fuera abogado, le contestó “vale”, y le colgó. Genís (Badalona, 76 años desde el pasado día 2) ha tenido muchos sinsabores en una esforzada carrera artística de 120 espectáculos que ha progresado lentamente a base de grandes dosis de disciplina y perseverancia (y talento), y que toca ahora cielo al hacer papeles de los que dejan huella, rifárselo teatros y directores y dedicarle un ciclo la Sala Beckett.






