
Sturzenegger dice que regresan, pero en España, principal destino de emigración de los argentinos, en los primeros dos años libertarios se radicaron 30.000 compatriotas por año. Entre los de 18 a 24 años, crecen los que dejan de estudiar para trabajar, pero consiguen empleos precarios o se suman a un desocupación juvenil que llega al 20%.
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El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, dice que los jovenes están volviendo al país, pero cada vez más argentinos se van y más jovenes dejan de estudiar para buscar trabajo precario y un quinto de ellos no lo encuentran. Hace un mes, Sturzenegger viajó a Austria y contó que antes de que llegara Javier Milei a la Casa Rosada temía que sus hijos emigraran. Incluso confesó que estaba decidido a pedirles que se marcharan al exterior si ganaba el peronismo. Pero después comentó entre lagrimas: “Los jóvenes están volviendo al país”. “Perdón que me emocione”, se disculpó. El problema es que se emocione con lo que sería una fake news.
La Argentina no elabora estadísticas sobre emigración. Ni en este gobierno ni en los anteriores. Por eso, los investigadores que se dedican a estudiar el fenómeno migratorio como Camila Jiménez Zunino, socióloga de la Universidad de Córdoba e investigadora del Consejo de Investigaciones Científicas (Conicet), toma como referencia las estadísticas oficiales de España, principal destino de emigración de los argentinos. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) de España cada vez más argentinos viven en España: a fines de 2025 sumaban 476.000 nacidos en Argentina, incluidos los que tienen pasaporte europeo.
En los primeros dos años de gobierno de Milei aumentó la cantidad de argentinos en España a razón de 30.000 por año. Se trata de un promedio apenas inferior a los 31.000 que se radicaban cada año en la gestión de Alberto Fernández, cuando se disparó la emigración. En la administración de Macri se iban a razón de 10.000 por año y en los 12 años del kirchnerismo, 4.000. El peor momento fue la crisis de 2001: 58.000 por año. Ahora estamos en la mitad, pero no hay datos para festejar de emoción.






